Avisar de contenido inadecuado

Las entidades naturales

{
}

Sistema primario

LAS ENTIDADES NATURALES

            El dinamismo y la estructuración no tienen una existencia propia: se dan en unos sujetos, que son las entidades naturales. Existe una enorme variedad de entidades naturales, que poseen diferentes grados de individualidad, unidad y organización.

            Para representar las entidades naturales, disponemos de dos conceptos: el de «substancia», que tiene una larga tradición filosófica, y el de «sistema», muy empleado en nuestra época. Utilizaremos ambos conceptos e intentaremos mostrar que la caracterización de las entidades naturales como «sistemas» permite representar la gran variedad de entidades que se dan en la naturaleza y, al mismo tiempo, aplicar el concepto de «substancia» a los sistemas unitarios individuales.

1. Los sistemas naturales

1.1 La noción de sistema

            El término sistema proviene del griego: syn (con, junto a) e hístemi (poner, colocar). Expresa la idea de un objeto que está colocado junto a otro u otros, formando un orden, una sucesión, un conjunto.  Se relaciona con síntesis, que significa composición, ordenamiento, ajuste, armonía. Se utiliza para, designar un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí (por ejemplo, un sistema de gobierno); una combinación de cuerpos y movimientos que, siendo diferentes, forman un todo (por ejemplo el Sistema Solar); un conjunto de órganos o partes similares que concurren a una misma función (por ejemplo, el sistema nervioso). En general, toda serie, ordenamiento, sucesión, es un sistema (político, filosófico, métrico): el sistema es encadenamiento, orden, correlación, concierto, armonía.

            Si no se introducen más precisiones, la noción de «sistema» es tan general que puede aplicarse, de algún modo, a cualquier conjunto cuyos componentes estén relacionados. Sin embargo, suele utilizarse con frecuencia, en los casos en que existe una unidad más fuerte.

1.2.Tipos de sistemas naturales

            En la naturaleza existe una enorme variedad de sistemas. No pretendemos agotar su clasificación. Lo que interesa a la filosofía es analizar los tipos generales de sistemas naturales y estudiar las características peculiares de los sistemas que poseen una unidad más fuerte, pues son estos sistemas los que hacen que la naturaleza posea una organización muy especial

            Diferenciamos dos grandes grupos de sistemas en función de la integración de los componentes en el sistema; por tanto, a los grados de individualidad y de unidad.

            Denominaremos sistemas primarios a los sistemas individuales cuyos componentes se integran en un nuevo modo de ser unitario, y sistemas secundarios a aquéllos que poseen un tipo más débil de unidad.

a) Sistemas  primarios

            Muchas entidades naturales son auténticos sistemas unitarios, porque en ellas existen verdaderas novedades estructurales y dinámicas: se forman nuevos patrones estructurales como consecuencia de las interacciones de los componentes, y las características del sistema no se reducen a la mera agregación o suma aritmética de las características de los componentes. Estos sistemas son individuales, poseen una nueva estructura unitaria y un nuevo dinamismo propio. Los denominaremos sistemas primarios, porque realizan la noción de sistema en su sentido más fuerte y primario, y también sistemas holísticos o unitarios, porque poseen un modo de ser unitario, y su actividad es propia del sistema en cuanto tal.

            En esos casos, se da una emergencia de nuevas características. En los diferentes niveles de la naturaleza existen sistemas que no se reducen a una mera yuxtaposición de componentes, ya que poseen propiedades que no se encuentran en los componentes, y poseen además un dinamismo y una estructuración que son propias del sistema como tal.

            Los sistemas unitarios poseen diferentes grados de unidad y organización. Algunos poseen una especial unidad, tanto en el aspecto dinámico como en el estructural: se trata de sistemas individuales que poseen un alto grado de holismo, integración, cooperatividad y direccionalidad. Su organización se encuentra determinada en  buena parte, por la existencia de un núcleo o centro que unifica la estructura del sistema. Los denominaremos sistemas centrales, porque en sí mismos tienen como un centro que atrae a los componentes hacia la unidad, y porque, en el conjunto de la naturaleza, desempeñan una función central en cuanto son fuente de dinamismo y expresión fundamental de la estructuración: los demás sistemas dependen de ellos. Son centros de la articulación entre el dinamismo y la estructuración.

            En general, pueden señalarse dos condiciones principales para afirmar la existencia de un sistema primario: la individualidad y la unidad. La individualidad no significa independencia total frente a las demás entidades, pero sí un cierto grado de independencia: poseer estructuración y dinamismo propios. La unidad se refiere a la integración efectiva de los componentes en el sistema, y se manifiesta tanto en la estructuración (holismo) como en el dinamismo (cooperatividad).

            Hasta qué punto pueda afirmarse que un sistema es central o sólo unitario dependerá, en buena parte, de su individualidad. Por ejemplo, en el ámbito físico-químico existen muchos sistemas unitarios: basta pensar en los átomos y en los compuestos que los químicos denominan «substancias puras»; sin embargo, resulta más difícil determinar si esos sistemas pueden ser considerados como sistemas centrales, debido a que, con frecuencia, no poseen una individualidad bien definida, pues suelen ser componentes de otros sistemas mayores y, en este caso, no conservan todas sus propiedades. En cambio, la existencia de sistemas centrales puede ser afirmada sin dificultad en el caso de muchos vivientes, porque se trata de individuos claramente diferenciados que poseen una fuerte unidad estructura y funcional dirigida por un programa genético unitario.

b) Sistemas secundarios.

            Frente a los sistemas primarios, holísticos o unitarios, otras entidades naturales pueden ser denominadas sistemas secundarios. Es el caso, por ejemplo, de algunas agregaciones, de los sistemas de orden y de los ecosistemas. En estos casos, los componentes conservan su individualidad y sus caracteres básicos, y el sistema posee un grado de individualidad, unidad e integración menor que en el caso de los  sistemas primarios La noción de sistema se les aplica en sentido débil; sin embargo, se puede aplicar porque existen relaciones estructurales que implican una cierta unidad.

            En las agregaciones , los componentes mantienen su individualidad, sin formar un nuevo sistema unitario. Pero es obvio que este rasgo general admite muchos grados. El grado ínfimo consiste en una simple yuxtaposición; en este caso, la noción de sistema sólo puede aplicarse en un sentido muy genérico, que ofrece poco interés. Sin embargo, en algunos casos existe una unidad mayor, y puede hablarse de sistemas en sentido débil: por ejemplo, las agregaciones naturales del agua de los mares y ríos suelen ser bastante homogéneas y, aunque no se formen nuevas pautas químicas, existen estructuras y dinamismos de tipo sistémico.

            En los sistemas de orden, los componentes son sistemas individuales completamente diferenciados que se encuentran ordenados mediante relaciones estables, de modo que las interacciones entre ellos dan lugar a situaciones en las cuales existen aspectos estables. Este es el caso, por ejemplo, del Sistema Solar, en el cual las órbitas de los planetas siguen pautas regulares.

            Los ecosistemas constituyen el objeto de la ecología científica. Un ecosistema es un sistema complejo que incluye todo un conjunto de subsistemas de diversos tipos. Tiene una cierta unidad porque entre sus componentes existen relaciones de interdependencia, y posee, además, una cierta dinámica propia

            Centraremos ahora nuestra atención en los sistemas primarios, que son propiamente las entidades naturales.

1.3. Holismo, estructuralismo y direccionalidad

            Los sistemas primarios poseen tres características típicas: el holismo, el estructuralismo y la direccionalidad.

            a) Holismo

            Frente al reduccionismo, que pretende explicar los sistemas reduciéndolos a la suma de sus componentes, puede decirse que, en los sistemas naturales primarios, el todo es más que la suma de las partes: esos sistemas no son el resultado de una mera agregación o adición de los componentes, ya que es necesario tener en cuenta las interrelaciones entre los componentes y, como resultado de esas interrelaciones, existen características realmente nuevas.

            Las características que no existían en los componentes suelen denominarse propiedades emergentes. No sólo existen propiedades aditivas, que resultan de la simple agregación de las propiedades de componentes, sino también propiedades nuevas que resultan de las interacciones entre los componentes y dan lugar a niveles cualitativamente diferentes, que poseen características y leyes propias. Por tanto, esos sistemas se distinguen de las meras agregaciones, que consisten en una yuxtaposición de componentes que no llegan a formar un sistema propiamente dicho.   De este modo se subraya el holismo, o sea, los aspectos que se refieren a las totalidades: en concreto, las propiedades y los comportamientos que son propios del sistema en su conjunto (holismo proviene del griego hólos, y se refiere a algo que es un todo o una totalidad; de ahí proviene el término inglés hole, que posee también ese significado). Por este motivo, hemos advertido que los sistemas primarios pueden denominarse también sistemas holísticos o sistemas unitarios.

b) Estructuralismo

            El holismo implica que los componentes se encuentran relacionados mutuamente en una estructura unitaria.

            Para conocer los sistemas naturales, las ciencias suelen adoptar una perspectiva analítica: descomponen los sistemas para determinar las características de sus componentes, y estudian su comportamiento en condiciones especiales que permiten controlar la influencia de los diferentes factores. Se trata de una perspectiva legítima que ocupa un lugar importante en las ciencias. Sin embargo, no siempre resulta fácil recomponer los sistemas naturales a partir de sus componentes y comportamientos: si se trata de sistemas holísticos, es preciso adoptar una perspectiva sintética que considere expresamente los aspectos globales.

            Para conseguir una adecuada representación de lo natural, tienen gran importancia las estructuras, las pautas y la organización. La reflexión filosófica se dirige al modo de ser de lo natural y, por tanto, exige que la perspectiva analítica sea completada con la sintética. El análisis, al descomponer las totalidades, mutila la realidad, de tal modo que sólo puede obtenerse una representación fidedigna de las entidades naturales si se toman en consideración los aspectos estructurales.

            La perspectiva sistémica es estructuralista, porque centra la atención en los aspectos estructurales de la realidad. Esto no significa una minusvaloración de la perspectiva atomista, centrada en el estudio de los componentes. Sólo implica reconocer que, si bien el análisis proporciona métodos valiosos que resultan indispensables para conocer la naturaleza de modo detallado, es incompetente para estudiar los aspectos estructurales o sistémicos de lo natural.

e) Direccionalidad

            La existencia de pautas naturales, que se repiten con profusión en la naturaleza, nuestra que existen tendencias: los sistemas son el resultado de tendencias y, a su vez, son fuente de nuevas tendencias porque se comportan de modo direccional.

            Además, en muchos sistemas holísticos (especialmente en los vivientes), los componentes actúan de modo cooperativo: desempeñan funciones con respecto a los demás componentes y al sistema. Las relaciones funcionales son características de los sistemas que poseen un elevado grado de organización.

            Por tanto, la noción de sistema holístico se encuentra estrechamente relacionada con la idea de direccionalidad. Es fácil advertir que esto tiene importantes implicaciones con respecto al problema de la finalidad natural: si se prescinde de la finalidad, se obtendrá una representación incompleta y mutilada de la naturaleza.

2. Las substancias naturales

            Desde la antigüedad se ha utilizado el concepto de substancia para designar a las entidades naturales. Se trata de uno de los conceptos centrales de la filosofía y ha sido objeto de numerosas interpretaciones en todas las épocas. A pesar de las críticas de que ha sido objeto a lo largo de los siglos, la caracterización aristotélica de la substancia sigue ocupando un puesto privilegiado en la actualidad; por este motivo, al describir la noción de substancia nos referiremos expresamente a las ideas de Aristóteles (más adelante examinaremos otras perspectivas).

2. l. La noción de substancia

a) Tres notas de la substancia

            Las substancias pueden caracterizarse como entidades cuyo modo de ser posee tres notas: subsistencia, subjetualidad y unidad.

            La subsistencia significa que la substancia posee un ser propio. Esto las diferencia de los accidentes, como el tamaño o el color, que no existen separadamente: sólo existen como determinaciones de un sujeto subsistente.

            La subjetualidad significa que la substancia es el sujeto al que se atribuyen las propiedades y la actividad. Se encuentra estrechamente relacionada con la subsistencia; en efecto, el sujeto al que se atribuyen propiedades y actividad es la entidad que tiene subsistencia o ser propio.

            La unidad propia de la substancia consiste en poseer una esencia o modo de ser unitario que permite identificar al sujeto y permanece a través de los cambios accidentales.

            Estas notas se resumen en la caracterización clásica de la substancia como aquella entidad a cuya esencia le compete ser en sí y no en otro. Se afirma que la substancia posee un modo de ser unitario, una esencia, a la que corresponde subsistir con un ser propio. En cambio, a los accidentes les compete ser en otro: no tienen ser propio, porque son determinaciones de la substancia.

b) La substancialidad en la filosofía aristotélica

            Aristóteles planteó la pregunta acerca de la sustancia como el problema central de la filosofía, ya que equivale a determinar qué es el ente, qué hay en la realidad, qué es propiamente la realidad.

            En efecto, según Aristóteles, ente se dice en varios sentidos: esencia, cantidad, cualidad, etc., pero su primer significado es la esencia, que significa la substancia. La idea central es que, cuando decimos qué es algo, no decimos que es blanco ni caliente ni que mide tres codos, sino que es un hombre o una planta, y todo lo demás se llama ente por ser cantidades o cualidades o afecciones de la substancia; lo que no es substancia, no tiene existencia propia ni puede separarse de la substancia, de tal manera que el ente, en su sentido primario, es la substancia. Sólo la substancia tiene existencia propia; además, las demás categorías suponen la substancia; y conocemos algo sobre todo cuando conocemos qué es. Por tanto, la substancia es el objeto primero del estudio filosófico.

            Aristóteles utiliza tres expresiones para designar la substancia. La primera es to tí esti  traducido por los latinos como hoc quid est o quod quid est ; se refiere a la esencia o quididad. La segunda es tóde ti, en latín hoc aliquid; se refiere a algo determinado, o sea, a la substancia individual. La tercera es ousía o entidad, en latín essentia; es un término abstracto derivado del verbo ser. Estos conceptos están estrechamente relacionados, y ponen de relieve que las substancias concretas poseen una esencia o modo de ser unitario, y son el sujeto del que se predica todo lo demás.

            En definitiva, el término «substancia» remite al modo de ser de los entes que tienen un ser propio. Por ejemplo, ser planta o ser hombre implica un modo de ser substancial, a diferencia de lo que expresan los accidentes, como ser blanco o medir dos metros. La substancia no inhiere en otro y, por tanto, no se predica de otro (el término «inherir» significa que algo tiene ser en otro, que es un accidente de un sujeto substancial). La substancia es el ente capaz de subsistir separadamente, autónomo, en sí y por si. Es algo determinado, no universal o abstracto. Tiene unidad intrínseca y no es un mero agregado de partes múltiples. Es acto, actualidad, no potencialidad sin actualizar.

            Cuando Aristóteles aplica la noción de substancia a los entes concretos, o sea, cuando se pregunta cuáles son las substancias, responde que los entes donde la substancialidad se da más claramente son los animales, las plantas, y sus partes; los cuerpos naturales (fuego, agua, tierra y otros de ese género), las partes de éstos y los compuestos de ellos (el cielo y sus partes, los astros, la Luna, el Sol).

            Según Aristóteles, en el ámbito material sólo los entes naturales son substancias. La substancia se distingue de las meras agregaciones, en las cuales los componentes conservan su esencia. Y se distingue también de los entes artificiales o artefactos, que no poseen una unidad intrínseca sino solamente funcional.

2.2. La substancia como sistema natural primario

            Hemos caracterizado a los sistemas primarios como aquéllos que poseen una individualidad claramente diferenciada y una fuerte unidad. Pero las substancias poseen precisamente esas dos notas: son sujetos individuales que poseen unidad estructural. Por tanto, puede decirse que los sistemas primarios corresponden a la noción de substancia. Las substancias  son sistemas individuales que poseen la unidad característica de las totalidades, una organización propia, en definitiva un modo de ser unitario; por estos motivos afirmamos que los sistemas primarios, unitarios, holísticos, corresponden a la noción de substancia.           

            Ya se ha advertido que, entre los sistemas unitarios, tienen especial importancia los sistemas centrales, que poseen como un «centro» de su organización y, además, ocupan un lugar central en el conjunto de la naturaleza. Los sistemas centrales son los sistemas individuales que poseen una mayor unidad estructural y dinámica; por consiguiente, son los que pueden ser caracterizados más claramente como substancias.

            En la naturaleza se da una enorme diversidad de entidades, muchas de las cuales no son sistemas unitarios; sin embargo, esas entidades son el resultado de un dinamismo que se despliega en torno a los sistemas unitarios y, especialmente, en torno a los sistemas centrales: se componen de sistemas centrales y son producidas por interacciones entre ellos. Puede afirmare que en la naturaleza no todo son substancias, pero todo se articula en torno a las substancias.

2.3. Características de las substancias naturales

a) La substancia como entidad natural en sentido pleno

            Entre las entidades naturales, los vivientes ocupan un lugar privilegiado, porque son los sistemas que muestran del modo más patente la organización de la naturaleza; son sistemas individuales que poseen una organización unitaria cuyos componentes cooperan de modo funcional: se trata de lo que hemos denominado «sistemas centrales». Otras entidades naturales poseen también una fuerte unidad y pueden ser calificadas como «sistemas unitarios». La identificación de esos sistemas con las substancias muestra que la noción de substancia designa el ente en sentido primario, la entidad natural que posee un ser propio y un modo de ser característico. La substancialidad es el modo de ser básico y el sujeto de las modificaciones accidentales. La substancia, como ente en sentido primario, expresa la entidad natural por antonomasia.

            Por ese motivo, la noción de substancia es una categoría básica para conceptualizar el mundo físico: expresa la entidad en sentido propio y, por tanto, todo lo demás se refiere a ella. Afirmar que la substancia es la categoría central equivale a afirmar que los demás aspectos de la naturaleza la suponen y se refieren a ella.

b) La substancia como sujeto del dinamismo natural

            Los sistemas naturales unitarios no son, en modo alguno, sujetos pasivos; por el contrario, el dinamismo de la naturaleza se manifiesta de modo privilegiado en esos sistemas, que son fuente de actividades específicas. El dinamismo no es un simple movimiento añadido exteriormente, sino, por así decirlo, un despliegue energético que se desarrolla de acuerdo con pautas. De ahí resulta que, si se identifican esos sistemas con las substancias naturales, puede decirse que las substancias son los sujetos del dinamismo natural.

            Los sistemas unitarios y, por tanto, las substancias son el resultado de los despliegues del dinamismo natural. Su existencia depende de condiciones específicas: si faltan esas condiciones, el sistema no llega a existir o, si existía, deja de existir. Esto equivale a afirmar que las substancias naturales no poseen una consistencia absoluta, independiente de las circunstancias; su ser y su actividad son contingentes porque dependen de condiciones contingentes. De ahí resulta que, cuando hablamos de substancias naturales, no estamos afirmando que existan unos sujetos inmutables, indestructibles o absolutamente permanentes.

            En definitiva, las substancias se encuentran inmersas en el dinamismo natural, del que son fuente y resultado. Mientras se dan las condiciones que hacen posible su existencia, mantienen su consistencia y despliegan su dinamismo a través de procesos que suelen denominarse cambios accidentales porque en ellos no cambia el carácter fundamental de la substancia. Por el contrario, cuando faltan las condiciones necesarias para su existencia, se producen cambios substanciales que consisten en la transformación de la substancia: el sistema pierde su consistencia característica y se produce otro u otros sistemas diferentes. Y la consistencia propia de cada substancia se relaciona con su unidad estructural.

e) La substancia como unidad estructural

            Ya se ha señalado que un rasgo básico de la substancialidad es la unidad estructural; si falta esa unidad, no existirá una verdadera substancia, sino tan sólo una simple agregación.

            La unidad estructural implica un cierto orden, que es especialmente fuerte cuando existe no sólo un orden genérico sino una auténtica organización en la cual los componentes cooperan de modo funcional en la existencia y en la actividad del sistema. Es lo que sucede en el caso de los vivientes, cuya estructura prevalece sobre los componentes: considerados en su materialidad concreta, los componentes cambian continuamente, pero la estructura fundamental permanece a través de esos cambios; además, la existencia y la actividad de cada parte está condicionada por la funcionalidad cooperativa de las demás partes dentro de la organización estructural unitaria.

            La substancia natural posee, por tanto, un modo de ser propio que se caracteriza por una unidad estructural específica. Se trata de un núcleo básico que puede permanecer a través de múltiples cambios que no llegan a modificarlo (se trata de los cambios accidentales).

3. Determinación de las substancias naturales

            Nos preguntamos a continuación qué entidades naturales pueden ser calificadas como substancias, teniendo en cuenta que, de acuerdo con nuestro planteamiento, esta pregunta puede ser traducida por otra: ¿qué sistemas pueden ser calificados como sistemas naturales primarios?

            El estudio detallado de los sistemas naturales es una tarea muy amplia que corresponde a las ciencias, y para conseguir los objetivos filosóficos mencionados sólo es necesario considerar los tipos principales.

            Tal como ya hemos señalado, los caracteres básicos de los sistemas naturales primarios son la individualidad y la unidad. Y la unidad puede referirse a los aspectos estructurales (unidad estructural) o dinámicos (unidad operativa, muy relacionada con la direccionalidad). Centraremos la atención, por tanto, en torno a estas características fundamentales de los sistemas, considerando cómo se manifiestan los sistemas naturales primarios ante, la experiencia ordinaria y ante el conocimiento científico.

3. 1. La substancialidad ante la experiencia ordinaria

            Entre las entidades accesibles a nuestro conocimiento ordinario, sólo los vivientes deben ser calificados claramente como sistemas naturales primarios; las demás entidades son agregaciones o fragmentos. Así se explica que hayan existido muchas incertidumbres cuando se ha pretendido aplicar la noción de substancia a los seres no vivos. Sin embargo, en la naturaleza existen otros sistemas primarios, pero no se manifiestan ante la experiencia ordinaria y sólo aparecen como resultado de la investigación científica. Esos sistemas primarios (átomos, moléculas, macromoléculas, substancias químicas puras) poseen una notable unidad estructural, pero suelen existir sólo como partes de agregaciones o de sistemas: por tanto, es difícil atribuirles una individualidad propia.

            En cualquier caso, es cierto que la experiencia ordinaria no basta para determinar de modo riguroso qué sistemas pueden ser calificados como sistemas primarios. Por este motivo, consideraremos a continuación, a la luz de los conocimientos aportados por las ciencias, qué tipos de sistemas primarios existen en los diferentes niveles de la naturaleza.

 

3.2. La substancialidad ante las ciencias

            Para mayor claridad, distinguiremos tres niveles de la naturaleza: el biológico, que comprende los vivientes; el microfísico, que incluye las entidades no vivientes de muy pequeño tamaño que no pueden ser observadas directamente; y el macrofísico, que comprende las entidades no vivientes de mayor tamaño.

a) La substancialidad en el nivel biológico

            Los vivientes son los sistemas naturales que poseen un grado mayor de individualidad. Algunos vivientes existen en colonias, que son verdaderos sistemas en los cuales existe una repartición de funciones entre los componentes, aunque cada uno de ellos puede dar origen a otra entera colonia. La mayoría poseen una individualidad bien definida con respecto a las demás entidades.

            También se da en los vivientes una gran unidad, tanto estructural como dinámica. En el aspecto estructural, los componentes son miembros de un organismo estructurado de acuerdo con un plan unitario. En el aspecto dinámico, los componentes realizan funciones cooperativas que se apoyan mutuamente y contribuyen a la actividad unitaria del viviente.

            Puede decirse que los vivientes son sistemas naturales primarios y que el concepto de substancia se les aplica con propiedad. Sin duda, se trata del caso más claro de substancias naturales.

b) La substancialidad en el nivel microfísico

            Las partículas subatómicas que componen la materia son, según el denominado «modelo estándar» que por ahora se encuentra muy bien comprobado, seis tipos de leptones o partículas ligeras, y seis tipos básicos de quarks que, por parejas o tríos, componen las partículas más pesadas.

            Lo más que podría decirse es que algunas de las partículas más estables, como el protón, el neutrón y el electrón, cuyas propiedades se encuentran bien determinadas (masa, carga, espín, vida media, modos de interacción), quizá podrían ser consideradas como substancias.

            Existen unos cien tipos básicos de átomos, que poseen estructuras bien definidas: un núcleo que suele ser muy estable, compuesto de protones y neutrones, y una periferia donde se encuentran electrones que ocupan niveles de energía determinados por las leyes cuánticas. Puede decirse que se trata de verdaderos sistemas centrales (y por tanto, substancias), ya que poseen una estructuración unitaria característica con su correspondiente dinamismo unitario, y tanto su estructura como las propiedades que dependen de ella se encuentran determinadas por su núcleo (concretamente, por la carga eléctrica del núcleo, que depende del número de protones que contiene).

            Las moléculas están compuestas de átomos, y también poseen una estructuración y un dinamismo propios, unitarios y diferentes de lo que resultaría de una mera agregación; para separar sus componentes es necesario provocar procesos energéticos que alteran los enlaces que mantienen unidos a los componentes de esos sistemas. Algo semejante ocurre con las macromoléculas (como los componentes bioquímicos de los vivientes: proteínas, ácidos nucleicos, etc.), cuya estructura y dinamismo tienen ya un carácter muy específico, porque poseen una organización mucho más compleja. Es fácil aplicar las nociones de sistema unitario y de substancia tanto a las moléculas como a las macromoléculas.

            En resumen, los sistemas microfísicos poseen una estructura y un dinamismo que manifiestan claramente aspectos holísticos y direccionales. Por tanto, se les pueden aplicar los conceptos de sistema unitario (a veces, central) y de substancia, al menos cuando poseen una existencia más o menos independiente. Esta última precisión es importante, porque en muchos casos forman parte de otros sistemas microfísicos más amplios y, si bien suelen conservar muchas de sus propiedades, se trata entonces de componentes integrados en estructuras unitarias superiores que son nuevos sistemas unitarios (aunque también del nivel microfísico).

            A partir del nivel microfísico, si se exceptúan los vivientes, los nuevos estados de la materia (que consideraremos a continuación) suelen producirse por agregación de sistemas microfísicos. Se comprende, por tanto, por qué hemos afirmado anteriormente que, fuera de los vivientes, la materia que se presenta ante nuestra experiencia ordinaria suele consistir en estados de agregación que no son propiamente sistemas unitarios, lo cual explica las dificultades que suelen encontrarse cuando se intenta aplicar el concepto de substancia a las entidades no vivientes.

c) La substancialidad en el nivel macrofísico

            En los niveles mesofísico (entidades visibles y no demasiado grandes) y macrofísico (grandes tamaños) del mundo inorgánico existen sistemas que poseen diferentes grados de holismo, integración, dinamismo y funcionalidad, y que, por lo general, son agregaciones en las que existen diferentes substancias en combinaciones heterogéneas. Aludiremos a algunos ejemplos, que podrían multiplicarse.

            En el ámbito geofísico, los minerales son, en muchos casos, agregaciones de diferentes substancias químicas, y a veces contienen alguna o algunas substancias en estado más o menos puro; suele ser necesario someterlos a procesos particularmente laboriosos cuando se pretende conseguir substancias químicas en estado puro. La Tierra en su conjunto, junto con la atmósfera, forma un sistema que, si bien es muy heterogéneo, es también muy específico, de modo que permite la existencia de la vida; dentro de ella existe una gran variedad de sistemas y subsistemas, y se pueden distinguir, por ejemplo, los ecosistemas en los que se encuentra una particular combinación de entidades vivientes e inorgánicas

            En el ámbito astrofísico, las estrellas poseen un núcleo en el que radica su estructura y actividad (reacciones nucleares de fusión que condicionan las características de cada estrella), y debido a su enorme tamaño, en las zonas más externas se encuentran muchos componentes cuya unión con el sistema es relativamente débil. La estructura del Sol y su correspondiente, actividad son un factor esencial para la existencia de la vida en la Tierra: no sólo porque determina la temperatura y, con ella, muchas otras características de nuestro entorno, sino además porque las cadenas tróficas, en las que unos seres dependen de otros para su nutrición, se basan en último término en la existencia de vivientes capaces de utilizar la energía solar para producir compuestos químicos.

            Estos ejemplos muestran que la naturaleza en la que vivimos posee una organización muy compleja que hace posible la existencia y la actividad de las entidades naturales y, en último término, la de los demás vivientes y la nuestra.

3.3. La substancialidad en la naturaleza

            A modo de breve resumen podemos decir que, en definitiva, la noción de sistema unitario puede aplicarse sin dificultad a las entidades microfísicas tales como los átomos, las moléculas y las macromoléculas, que poseen una unidad estructural y dinámica unitaria; y a los vivientes.

            En la naturaleza existen muchos sistemas que no son propiamente sistemas unitarios en sentido estricto, pero que están compuestos de sistemas unitarios y, a su vez, poseen una peculiar unidad, en la que se dan muchas relaciones mutuas de las que dependen la existencia y la actividad de los sistemas unitarios, especialmente de los vivientes.

            La consideración de esas relaciones en su conjunto, formando sistemas muy diversos y articulados, remite al estudio del sistema total de la naturaleza y a los tipos de orden que en él existen.

4. Las objeciones anti-substancialistas

            Entre las críticas que se han dirigido contra la substancialidad destacan tres que tienen especial importancia también en la actualidad: la crítica empirista, la procesualista y la que proviene de una idea unívoca del concepto de substancia. Vamos a examinarlas siguiendo el orden que acabamos de indicar. Esta nueva reflexión nos proporcionará, por otra parte, la oportunidad de precisar algunos aspectos centrales de la substancialidad.

4. 1. El conocimiento de las substancias

            David Hume formuló en el siglo XVIII, desde su posición empirista, una crítica radical al concepto de substancia. Afirmó que la idea de substancia se reduce a una colección de cualidades particulares que se encuentran unidas por la imaginación; se trataría de un simple nombre que imponemos a esa colección para conservar su memoria. La substancia sería un algo desconocido que se supone afectado por esas cualidades.

            Esta crítica depende de la teoría empirista del conocimiento, según la cual sólo tienen un valor objetivo las cualidades que se manifiestan ante la experiencia sensible. Pero, desarrollada de modo coherente, esa teoría debe afirmar que las cualidades existen sin un sujeto y, por tanto, de algún modo afirmará que poseen una cierta existencia propia.

            También en una línea relacionada con el empirismo, algunas críticas a la noción de substancia la acusan de vaciedad científica; se trataría de un concepto inútil que, de hecho, no sería utilizado por las ciencias. Sin embargo, la biología lo da por supuesto; la química lo utiliza en sentido bastante propio, aunque no lo tematice filosóficamente; y en la física matemática se utilizan modelos ideales pero, cuando se aplican al estudio de la materia concreta, se emplean conceptos equivalentes al de substancia.

            La crítica empirista nos da ocasión para puntualizar que la substancia se conoce a través de los accidentes, que manifiestan la substancia y su modo de ser esencial. Lo que aparece directamente ante la experiencia son accidentes, pero se trata de accidentes que pertenecen a un sujeto.

4.2. Substancias y procesos

            Otras críticas se centran en la acusación de cosismo o fijismo, como si la afirmación de las substancias equivaliera a afirmar unos sujetos que se encuentran fuera del continuo flujo de cambios que se da en la naturaleza.

            La persistencia o duración temporal no es una nota que sirva para caracterizar filosóficamente a la substancia. El concepto de substancia se refiere a la consistencia en el ser. Sin duda, la persistencia manifiesta, en muchos casos, esa consistencia: la estabilidad acompaña en muchos casos a la substancialidad. Pero esto no sucede necesariamente, y pueden existir entidades verdaderamente substanciales que tengan una duración más o menos efímera. La substancia posee una estabilidad relativa, en función del tipo de sistema natural de que se trata en cada caso y de las circunstancias que lo rodean. La consistencia en el ser no está en función de la duración o persistencia.

            Por otra parte, la substancia no es inalterable. Las substancias naturales están sujetas a cambios accidentales, en los cuales la substancia permanece porque el ente continúa siendo esencialmente el mismo, pero cambia accidentalmente: la substancia es sujeto de cambios, y es algo cambiante, no inmutable. En los cambios accidentales, la substancia cambia, aunque no se trate de un cambio substancial. Además, la substancia puede desaparecer, transformándose en otra u otras, cuando se da un cambio substancial. Todo ello se comprende sin dificultad cuando se relacionan las substancias con los sistemas naturales primarios, como aquí hemos hecho: esos sistemas son el resultado de procesos y fuente de nuevos procesos, y de ningún modo se encuentran sustraídos al flujo de los cambios.

4.3. Analogía y grados de la substancialidad

            Por fin, algunas dificultades surgen cuando se pierde de vista que el concepto de substancia no se aplica de un modo unívoco (siempre exactamente del mismo modo), sino según analogía (o sea, de acuerdo con un sentido que es en parte igual pero en parte diferente).

            El concepto de substancia se predica según analogía, porque existen diferentes grados de individualidad y de unidad. Ya hemos advertido que en los vivientes se da una organización unitaria especialmente consistente y, por tanto, en ellos se realiza en grado máximo la substancialidad; pero incluso en ese ámbito también existen grados diferentes de individualidad y unidad. En el ámbito microfísico, se da una fuerte unidad en muchas entidades que, sin embargo, no siempre poseen una individualidad claramente diferenciada porque suelen existir como componentes de sistemas mayores. Y existen muchos sistemas que pueden ser calificados como substancias aunque también posean algunas características de las agregaciones, porque sus componentes forman nuevas unidades con propiedades específicas; éste es el caso, por ejemplo, de una masa de aire o de agua, de un sólido cristalino, e incluso de entidades que deben su origen a la intervención humana, como un trozo de pan.

5. Interpretaciones filosóficas de la substancialidad

5. 1. Descartes.- substancia material y extensión

            Descartes definió la substancia como "una cosa que existe de tal manera que no tiene necesidad de ninguna otra para existir". Pero esta definición es confusa. En efecto, el mismo Descartes advirtió enseguida que, en sentido estricto, sólo puede aplicarse a Dios, pues las criaturas necesitan del concurso divino para existir.

            Descartes afirmó que la existencia del yo pensante es la certeza básica y el fundamento de toda ulterior certeza. El yo piensa, duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, imagina, siente; es una substancia pensante o res cogitans. La substancia material, en cambio, es una res extensa; su carácter esencial es la extensión, y las cualidades no son más que afecciones causadas en el sujeto cognoscente por la materia. Las substancias tienen un atributo principal, que constituye su esencia; en el caso del alma, ese atributo es el pensamiento, y en el caso de los cuerpos, es la extensión.

            La identificación de la substancia corpórea con la extensión es problemática, puesto que la extensión es una característica accidental, y no permite fundamentar la unidad que exige la sustancia.

            El planteamiento cartesiano tuvo una importancia histórica decisiva. Se encuadra dentro del proceso que puso en marcha la física moderna en pugna con la filosofía natural antigua, y contribuyó a que se pensara que el mecanicismo era la filosofía exigida por la nueva ciencia. Pero la imagen mecanicista es sólo un modelo explicativo parcial, que, tiene serias limitaciones incluso en el ámbito de la física matemática.

            En la perspectiva de Descartes, la substancia material carece de dinamismo interno y de tendencias, quedando reducida a un substrato pasivo e inerte. Esta idea ha condicionado una gran parte de las críticas posteriores contra la substancialidad, que rechazan la existencia de las substancias naturales sin advertir que, en realidad, sólo están rechazando las ideas cartesianas.

5.2. Kant: la substancia como categoría mental

            Según Kant, la substancia es una de las categorías a priori, que no tienen su origen en la experiencia, y son condiciones de posibilidad de la experiencia. El conocimiento se organizaría de acuerdo con el proceso siguiente: la sensibilidad sólo proporciona impresiones incoherentes, y para pensar, necesitamos ordenar las impresiones sensibles; en un primer paso, las ordenamos en el espacio y el tiempo, que son formas a priori de la sensibilidad, y en un segundo paso, formulamos conceptos que son también a priori, y cumplen la función de hacer inteligible la experiencia. La substancia es uno de esos conceptos; una forma pura que no corresponde a algo real, sino sólo a nuestro modo de conceptualizar: no podemos pensar sin la noción de substancia, que expresa lo que permanece a través de los cambios y, de ese modo, nos permite organizar la experiencia de manera inteligible. No podemos representarnos los cambios sin un sujeto, y a ese sujeto se refiere la categoría de substancia.

            En la perspectiva kantiana, la substancialidad es una condición a priori del conocimiento, que nos permite pensar la permanencia de los fenómenos en el tiempo, y hace posible toda determinación del tiempo. La substancia viene concebida como un substrato pasivo e inerte, sin vida propia; es una noción que se refiere a la permanencia de los fenómenos en el tiempo.

5.3. Bergson: la substancialización del movimiento

            Considera la substancia como un substrato amorfo, inerte e inmutable; como el hilo que mantiene unidas las perlas de un collar; se comprende, por tanto, que rechazara esa idea de la substancia. A esto se añade que, según Bergson, sólo se experimenta la duración: cosas y estados son algo separado artificialmente; la inteligencia es analítica, separa artificialmente lo que en la realidad está unido, y su campo propio es la ciencia aplicada a las necesidades prácticas. Por el contrario, según Bergson, la realidad se capta en su auténtica dimensión mediante una intuición que nos pone en contacto con el movimiento, el cambio, la duración, que constituyen la verdadera realidad, en un sentido dinámico.

            De este modo, Bergson llego a afirmar la substancialización del cambio . Afirmó que el cambio o devenir es lo más substancial que hay en el mundo. Esto parece chocar con la evidencia; cambio puro, movimiento sin móvil, son abstracciones. Bergson fue consciente de esta dificultad y pretendió salvarla, pero no proporcionó una respuesta satisfactoria.

5.4. Whitehead: substancia y actividad

            Whitehead define la substancia como proceso de actividad; la existencia de un ente real está constituida por su actividad de devenir. La duración debe ser inherente a la naturaleza de la substancia. De ahí que afirme: "un ente real es un proceso y no es descriptible en términos de la morfología de un material (Stuff). El ente real es el ente activo, y la naturaleza última de las cosas es la actividad. La substancia es actividad. Ve la justificación de este punto de vista, ante todo, en la ciencia física.

            Según Whitehead, la actividad viene a ser la condición última de la naturaleza. El actuar no es separable del agente; no puede haber agente sin acciones: la esencia del agente implica su actuar. Lo que sea el agente será determinado por el carácter de sus acciones. Bajo esta perspectiva, el agente es el resultado de sus acciones. El ser de un ente real es constituido por su actuar. Ser y devenir no son separables. El ser incluye el devenir, es constituido por el devenir. El modo como un ente deviene constituye lo que es; éste es el principio del proceso. La metafísica de Whitehead es una elaboración de lo implicado en el principio del proceso.

5.5. Hartmann: substancialidad, persistencia y complejos dinámicos

            Nicolai Hartmann ha criticado la idea de substancia de la antigua metafísica, que estaría motivada, en su opinión, por la huída del pensamiento ante la caducidad: se pensaba que lo cambiante y temporal (que es lo único real, repite insistentemente Hartmann) debería fundarse sobre algo inalterable, inmutable, intemporal. En definitiva, la noción de substancia serviría para apoyar la existencia del alma y de Dios. Pero Hartmann insiste en que lo real es por esencia perecedero; su forma de ser es el devenir, no el persistir.

            Según Hartmann, "la substancia es lo persistente", "la substancia es lo persistente en el tiempo, y los accidentes son lo cambiante en el tiempo" . Pero "El mundo real no se compone de 'cosas' sustanciales persistentes ..... sino de un tejido de procesos en que las cosas no son nada más que configuraciones relativamente constantes". Por eso Hartmann critica la idea kantiana de substancia como lo permanente en la alteración, e indestructible. Afirma que lo permanente en la alteración basta con que tenga una persistencia relativa, respecto al proceso concreto; no hace falta un substrato absoluto, y menos aún que sea indestructible. Según Hartmann, Kant acierta al decir que, si hay alteración, debe haber un substrato del cambio; pero no hace falta afirmar un substrato absoluto, ni que sea indestructible.

            Por tanto, Hartmann busca la substancia en los substratos ínfimos de la naturaleza. Un buen candidato es la energía: "La energía es lo que se conserva en medio del cambio de los procesos. Es la sustancia dinámicamente entendida..... el sustrato dinámico que pasa a través de todos los procesos parciales y de sus fases, y se transmuta en las diversas formas en que aparece".

            Estas reflexiones están condicionadas por la identificación de la substancia con un substrato básico físico, lo cual no corresponde a la noción clásica de substancia. La crítica de Hartmann se dirige contra un fantasma que él mismo ha creado.


La noción de ecosistema fue formulada por Arthur G. Tansley en su famoso artículo «The Use and Abuse of Vegetational Concepts and Terms», Ecology, 16 (1935), pp. 284-307, donde afirmaba: "Las tramas de la vida, ajustadas a determinados complejos ambientales, son verdaderas unidades a veces muy integradas, que constituyen los núcleos vivientes de sistemas, en el sentido que dan los físicos a esta palabra .....  Dentro de cada sistema tienen lugar intercambios de muchas clases, no sólo entre los organismos, sino también entre el mundo orgánico y el inorgánico. Estos ecosistemas, como preferimos llamarlos, pueden ser de muchas clases y tamaños, formando una de las categorías de los distintos tipos de sistemas físicos de¡ Universo, que van desde el Universo como un todo hasta el átomo". Cfr. B. Peco, voz «Ecosistema», en: AA. VV., Diccionario de la naturaleza, Espasa Calpe, Madrid 1993, pp. 198-202.

La importancia de las ideas aristotélicas acerca de la substancia para el estudio de la naturaleza se encuentra afirmada en muchos estudios actuales, desde perspectivas que, por otra parte, difieren en importantes aspectos de la nuestra. Puede verse, por ejemplo: M. Espinoza, «Critique de la science anti-substantialiste», Theoria, 5 (1990), pp. 67-84, y «La catégorie naturelle ultime», Revue de Métaphysique et de Morale, 98 (1993), pp. 367-393.

Esta afirmación coincide con la opinión de Nicolai Hartmann: cfr. N. Hartmann, Ontología, IV. Filosofía de la naturaleza. Teoría especial de las categorías, Fondo de cultura económica, México 1960, pp. 512-513.

A. N. Whitehead, Process and Reality An Essay in Cosmology, Harper & Row New York 1960, p. 55.

Tomado de Apuntes de Filosofía de la naturaleza, Mariano Artigas

{
}
{
}

Comentarios Las entidades naturales

La primera parte está tomada del libro FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA  de Mariano Artígas
Tony Santos Tony Santos 30/11/2011 a las 14:36

Deja tu comentario Las entidades naturales

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre