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Introducción General a la Filosofía de la Naturaleza

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INTRODUCCION

 

La naturaleza y su estudio filosófico

Podemos estudiar la naturaleza bajo dos perspectivas: la científica y la filosófica.

Las ciencias buscan explicaciones de los fenómenos naturales en términos de otros fenómenos o causas, adoptando puntos de vista particulares. En cambio, la filosofía de la naturaleza busca explicaciones que se refieren al «ser» y a los «modos de ser» de las entidades y procesos naturales.

Estas dos perspectivas son autónomas, pero se encuentran relacionadas. Adoptan diferentes puntos de vista, pero las ciencias se apoyan en unos supuestos filosóficos y la filosofía debe con- tar con los conocimientos científicos.

En este capítulo se expone una introducción general a la filosofía de la naturaleza (apartado primero), seguida por una introducción histórica (apartado segundo), y después se propone una caracterización de la naturaleza que será utilizada como base de las reflexiones contenidas en el resto del libro (apartado tercero).

1. INTRODUCCIÓN GENERAL

La filosofía de la naturaleza es la rama de la filosofía que se ocupa del mundo natural o físico. Vamos a ver en qué consiste esa reflexión filosófica sobre la naturaleza y cuál es su valor. Esto nos exigirá considerar también cuál es el alcance de las ciencias naturales, puesto que existe una estrecha relación entre esas ciencias y la filosofía de la naturaleza.

1.1La reflexión filosófica sobre la naturaleza

La filosofía estudia toda la realidad a la luz de la razón natural. Más allá de los conocimientos particulares proporcionados por las ciencias, busca las explicaciones más radicales que se pueden dar de la realidad; por esto suele decirse que estudia la realidad a la luz de sus causas últimas, o que se pregunta por el ser de la realidad.

Siguiendo una distinción clásica, son tres los objetos principales de la reflexión filosófica: el mundo, el hombre, y Dios. La filosofía de la naturaleza es la reflexión filosófica acerca del mundo, entendiendo por mundo el mundo natural o físico: tanto los seres inanimados (las estrellas y los planetas, los componentes físico-químicos de la materia, y los compuestos físico-químicos), como los seres vivientes.

1.2. Relaciones con otras áreas de la filosofía

La antropología estudia la persona humana. Puesto que el hombre es parte de la naturaleza, aunque al mismo tiempo la trasciende, existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la naturaleza. Sin duda, la persona posee dimensiones espirituales que no se reducen al nivel material; sin embargo, es un ser unitario y, por consiguiente, el estudio de la persona debe contar con los resultados de la filosofía de la naturaleza. Por otra parte, el ser humano constituye, por así decirlo, el horizonte al que tiende la filosofía de la naturaleza, dado el lugar central que ocupamos dentro del mundo natural. Es interesante señalar que las principales dificultades que puede encontrar la antropología provienen de la filosofía de la naturaleza. En efecto, el enorme progreso de las ciencias naturales lleva, en ocasiones, a pretender explicar completa- mente la persona humana en términos de sus componentes físicos, químicos y biológicos. Se trata de un reduccionismo ilegítimo que extrapola indebidamente los conocimientos científicos fuera de su área propia. La filosofía de la naturaleza desempeña un papel insustituible en la clarificación de estos problemas. La filosofía de la naturaleza proporciona también parte de la base sobre la cual se construye la teología natural. En efecto, nuestro conocimiento natural de Dios no es inmediato: utilizando nuestras fuerzas naturales, sólo le conocemos a través de las cosas creadas. También en este campo existen posiciones naturalistas según las cuales el mundo podría explicarse sin necesidad de recurrir a Dios, y la clarificación de estos equívocos requiere la reflexión sobre la naturaleza propia de la filosofía natural. La filosofía de la naturaleza sirve, asimismo, como base para la metafísica, que estudia los principios últimos del ser como tal, aplicables tanto a lo material corno a lo espiritual. Nos remontamos a las leyes generales del ser a través de la reflexión acerca de la naturaleza. Es difícil, por no decir imposible, construir una metafísica rigurosa sin contar con una reflexión igualmente rigurosa sobre el mundo físico.

1.3. Filosofía y ciencias naturales

Las ciencias naturales tienen en común un objetivo general: concretamente, buscan un conocimiento de la naturaleza que pueda ser sometido a control experimental. Ese requisito viene a ser una exigencia mínima que debe cumplir cualquier explicación para ser admitida dentro de la ciencia experimental[1].

La filosofía de la naturaleza debe tomar en cuenta los conocimientos alcanzados por las diferentes ramas de la ciencia experimental. Pero su enfoque es diferente, ya que, como queda dicho, se pregunta por las causas últimas de la naturaleza y propone explicaciones generales que van más allá de lo que se busca en la ciencia experimental. Por ejemplo, propone los conceptos de substancia, o de potencialidad y actualidad, para explicar determinadas características de la naturaleza; tales conceptos, en cambio, no son un tema propio de ninguna disciplina científica: las ciencias estudian las substancias y las potencialidades naturales, pero no se preguntan por la noción misma de substancia o de potencia tal como lo hace la filosofía.

La filosofía de la naturaleza necesita de las ciencias, en diferente medida según los temas que estudia. A veces, la experiencia ordinaria proporciona suficiente base para la reflexión filosófica. No obstante, también en esos casos es interesante contar con las ciencias, para garantizar que nuestra interpretación de la experiencia ordinaria es correcta.

A su vez, las ciencias se construyen sobre unos supuestos que no son objeto del estudio científico, pero constituyen sus premisas necesarias. En concreto, las ciencias suponen que existe un orden natural que, además, puede ser conocido mediante argumentaciones en las que la experimentación desempeña un papel central. El éxito de la ciencia justifica la validez de esos supuestos, los amplía y los precisa. Por ejemplo, el progreso científico nos permite construir imágenes del mundo, o cosmovisiones, que unifican en una imagen unitaria los diferentes conocimientos que obtenemos acerca de la naturaleza. Para construir una cosmovisión es necesario interpretar los conocimientos científicos y unificarlos, lo cual requiere una dosis de reflexión filosófica.

El desarrollo riguroso de la filosofía de la naturaleza sirve para evitar el riesgo de extrapolar los métodos y resultados científicos fuera de su ámbito propio. El progreso científico fácilmente puede interpretarse equivocadamente si no se dispone de una buena filosofía de la naturaleza. Por ejemplo, cuando la ciencia experimental moderna nació sistemáticamente en el siglo XVII, se presentó acompañada por el mecanicismo, según el cual lo natural puede explicarse completamente mediante el desplazamiento de partes materiales; en realidad, el mecanicismo no es ciencia, sino una mala filosofía: sin embargo, durante bastante tiempo ha ejercido una influencia notable, presentándose como si fuera una parte o una consecuencia del progreso científico, cuando realmente no lo es.

La filosofía de la naturaleza y las ciencias naturales corresponden a enfoques diferentes, pero complementarios. De hecho, esa complernentariedad fue respetada hasta que, en el siglo XIX, el idealismo pretendió invadir el terreno de las ciencias y los científicos sintieron que la filosofía no les ayudaba, sino que les ponía obstáculos. La reacción anti-filosófica cristalizó en el cientificismo, que consideraba a la ciencia experimental como el único conocimiento válido de la realidad; una de sus variantes más importantes fue el positivismo, que pretendía reducir la ciencia a establecer relaciones entre fenómenos observables, evitando todo lo que traspasara ese límite. En realidad, el cientificismo es contradictorio, pues niega el valor de todo conocimiento que no se consiga mediante la ciencia, y esta tesis no es el resultado de ninguna ciencia. Además, el positivismo establece un requisito que ni siquiera puede ser cumplido por las ciencias, cuyo progreso requiere que vayan mucho más allá de lo que se puede observar en la experiencia.

1.4. Valor y alcance de la filosofía de la naturaleza

La experiencia desempeña un lugar importante dentro del método de la filosofía. Aunque la filosofía de la naturaleza no busca un conocimiento detallado tal como el que proporcionan las ciencias, debe basarse en el conocimiento proporcionado tanto por la experiencia ordinaria como por las ciencias. No es posible someter las explicaciones filosóficas a control experimental como se hace en las ciencias; pero esas explicaciones deberán ser abandonadas cuando no correspondan a los conocimientos particulares bien fundados en la experiencia y en las ciencias.

El valor de las explicaciones filosóficas depende de dos factores. En primer lugar, deben responder a problemas auténticos, bien planteados. Y además deben resolverlos de modo satisfactorio.

La existencia de genuinos problemas filosóficos es negada por quienes afirman que sólo hace falta explicar de qué están compuestas las cosas y cómo funcionan. Sin duda, estas dos preguntas son importantes, y constituyen el tema principal de las ciencias naturales. Sin embargo, no agotan los problemas que la naturaleza plantea a la mente humana. Por ejemplo, podemos preguntarnos por la explicación última del orden que existe en la naturaleza; las ciencias nos proporcionan explicaciones cada vez más detalladas sobre ese orden, pero ese conocimiento, lejos de apagar el interés por las preguntas radicales, más bien lo aumenta. Cuando más avanzan las ciencias, más asombroso resulta el orden que existe en la naturaleza. Otros problemas se refieren a la explicación de las entidades, procesos, y propiedades de la naturaleza de modo general, más allá de los conocimientos particulares proporcionados por las ciencias.

Una vez admitido que existen genuinos problemas filosóficos, ¿cómo podemos valorar las soluciones que se proponen? Ciertamente, en filosofía no podemos recurrir al control experimental del mismo modo que se hace en las ciencias. Sin embargo, la validez de las soluciones debe juzgarse recurriendo a los mismos cánones básicos, o sea, a la lógica y a la experiencia. Como ya se ha dicho, las soluciones deben ser coherentes con los datos disponibles. Y también deben ser satisfactorias desde el punto de vista lógico: deben estar exentas de contradicción, y debe ser posible utilizarlas para explicar los problemas que se intenta resolver. Obviamente, no existe un criterio automático de validez filosófica: el valor de las explicaciones debe ser establecido en cada caso concreto.

El alcance de la filosofía de la naturaleza es diferente en los diferentes casos. En principio, podemos esperar que los conceptos más importantes serán relativamente poco numerosos, puesto que no buscamos un conocimiento detallado como lo hacen las ciencias. En la medida en que obtengamos explicaciones que se refieren a características esenciales de la naturaleza, esas explicaciones tendrán un valor permanente. Comprobaremos, en efecto, que algunos conceptos filosóficos propuestos hace muchos siglos mantienen su validez, aunque eventualmente debamos explicarlos de un modo más acorde con los conocimientos actuales. Por otra parte, teniendo en cuenta el enorme progreso de las ciencias, es de suponer que muchas explicaciones de la filosofía de la naturaleza deberán ser revisadas periódicamente. En cualquier caso, aquí centraremos nuestra atención en los problemas más básicos y las explicaciones más permanentes, examinando unos y otras a la luz de los conocimientos científicos actuales.

1.5. Temas y problemas

La filosofía de la naturaleza abarca una temática muy amplia, ya que se extiende desde el átomo hasta el universo, e incluye a los vivientes y al hombre en cuanto ser natural. Se pregunta, además, por el significado de la naturaleza y por su fundamento radical; por tanto, constituye el puente lógico entre el conocimiento ordinario, las ciencias y la metafísica.

Aquí estudiaremos los temas básicos de la filosofía de la naturaleza a la luz de la cosmovisión actual. Comenzamos proponiendo una caracterización de la naturaleza, que se basa en dos características fundamentales: el dinamismo y la estructuración espacio-temporal; y mostramos que esa caracterización representa adecuadamente lo natural frente a lo espiritual y lo artificial. Este punto de partida es coherente con la cosmovisión científica actual, y permite abordar los problemas de la filosofía de la naturaleza bajo una nueva óptica, que va poniendo de manifiesto que en la naturaleza coexisten dimensiones físicas (relacionadas con la estructuración espacio-temporal), ontológicas (modos de ser y de actuar), y metafísicas (que fundamentan el ser y la actividad de la naturaleza).

En los cinco capítulos que constituyen la primera parte examinaremos el concepto de naturaleza, las entidades naturales, el dinamismo natural, el orden de la naturaleza, y la estructura hilemórfica de los entes naturales. En los seis capítulos de la segunda parte ampliaremos nuestra consideración a las dimensiones cuantitativas y cualitativas de lo natural, a la causalidad de los seres naturales, a los vivientes, y al origen y sentido de la naturaleza.


[1]  Para un análisis amplio de la objetividad y la verdad en la ciencia experimenta¡, puede verse  Mariano ARTIGAS, Filosofía de la ciencia experimental La objetividad y la verdad en las ciencias, 2 ed., EUNSA, Pamplona 1992.

Extraído de Filosofía de la naturaleza, Mariano Artigas

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Comentarios Introducción General a la Filosofía de la Naturaleza

esta muy interesante, que suban mas apuntes del libro.

es un articulo interesante solo que me gustaria que publicara los otros 5 capitulos que menciona la introduccion gracias.

arturo contreras arturo contreras 07/03/2012 a las 00:37

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