Avisar de contenido inadecuado

Las propiedades del ser físico: Cantidad y cualidad

{
}

Tomado de J. M Aubert;

Filosofía de la Naturaleza; Herder; Barcelona, 1977 pgs. 356 – 369

Entre todos los accidentes que manifiestan la substancia corpórea, hay dos que tienen una mayor importancia, pues están estrechamente ligados a los dos principios del ser físico, cuyos diversos aspectos ellos nos revelan, y por eso mismo son las vías de acceso para hacérnoslo inteligible: son la cantidad y la cualidad. Por otra parte, importa mucho no disociar completamente estos dos «accidentes»; de hecho, no se dan separados al igual que la materia y la forma. Ciertamente, en el curso de la historia, uno u otro ha sido más explotado, la cualidad durante el período antiguo y medieval, la cantidad en los tiempos modernos, pero veremos que nunca de modo exclusivo. Su estudio permite comprender la visión equilibrada de las cosas que nos puede ser dad por el hilemorfismo. Primeramente hay que señalar que, pese a su unión, ambos son irreductibles el uno al otro. La cantidad significa extensión, susceptible como es de ser mayor o menor. lo cual no incluye la idea de cualidad, que puede ser más o menos intensa solamente; en efecto. extensión e intensidad no traducen las mismas propiedades. El origen de la cantidad es la materia, cuya potencialidad ella expresa (posibilidad de difusión, en el espacio, de divisibilidad; es indeterminada en relación a otras especificaciones); el origen de la cualidad es la forma, lo cual hace de ella sinónimo de perfeccionamiento, de acto nuevo de la substancia. 1. La cantidad. El dato más fundamental del ser físico. el más fácil de objetivar, en plano accidental, es el hecho de que es cuantitativo y mensurable. Y por otra parte, la facilidad con la que este «accidente» se presta a la medida, a causa de su homogeneidad (en la comparación de magnitudes, por ejemplo de longitud, la naturaleza de lo que es medido no influye en la medida misma), es lo que explica el papel al que se ha visto promovido en los tiempos modernos, como medio de comprender la naturaleza. La cantidad se subdivide en dos especies: la cantidad continua o extensa y la cantidad discontinua o el número; como la primera es el origen de la segunda (por división), será a propósito de ella, como resumiremos los problemas planteados por la cantidad en general.

A) LA CANTIDAD CONTINUA O EXTENSA

Es necesaria una observación previa: la noción de extensión puede referirse a dos campos muy diferentes; y si no distinguimos éstos corremos el riesgo de confusiones inextricables (que explican los problemas históricos suscitados desde Zenón hasta Kant a propósito de la extensión). Puesto que aquí estudiamos el ser físico, la cuestión de que se trata es de la extensión encarnada en la materia, la extensión concreta, propiedad interna de un ser real. Pues la extensión puede ser considerada también abstractamente; entonces es el puro concepto de extensión de los matemáticos; este concepto puede ser proyectado después, de modo irreal, fuera de las cosas, y así se tiene la noción de espacio vacío, marco dentro del cual se alojan las cosas y que permite localizarlas. La distinción de los dos campos es importante; en el primero (la extensión = accidente de la substancia corporal), se trata de un modo de ser real, y de él será del que hablaremos aquí; en el segundo extensión = espacio), nos hallamos ante un ente de razón (fundado en lo real) 'que será estudiado más adelante, juntamente con el tiempo.

1. Naturaleza de la extensión: accidente primario de la substancia. ¿Cuál es la naturaleza de la extensión? A esta pregunta se han dado dos respuestas principales: la extensión ha sido identificada o bien con la substancia o bien con uno de sus accidentes.

a) Solución mecanicista. Descartes, recogiendo la antigua idea de Demócrito, situaba la esencia de los cuerpos en la extensión; en reacción contra la ciencia demasiado «cualitativa» de los medievales, e impresionado por las considerables ventajas de la inteligibilidad matemática (más objetiva, menos antropomórfica, fácil de ser representada en imágenes por medio de modelos mecánicos), Descartes vio en ella la única manera posible de comprender la naturaleza; puesto que la extensión era lo que hacia mensurable la materia, tenia forzosamente, pensaba él, que expresar la esencia de las cosas.

b) Solución hilemórfica. En el contexto de la doctrina desarrollada anteriormente, la cantidad o extensión aparecía como uno de los accidentes de la substancia. Eso se demuestra por razonamiento general, válido para todos los accidentes: su variabilidad no afecta a la substancia en su comprensión. En efecto, de suyo, la substancia de un cuerpo, realización concreta de una esencia (significada por una idea) es diferente de la noción de cantidad o de extensión. Ésta evoca la idea de divisibilidad, de partes contiguas y exteriores unas a otras, una cierta cohesión en el espacio y el tiempo; todas las cosas que pueden variar sin que la idea encarnada por la substancia se vea afectada por ello (ejemplo: cualquier cuerpo químico, que no depende en su definición de la cantidad que reviste de hecho). Substancia y cantidad son, pues, dos cosas fundamentalmente diferentes. Ciertamente, la substancia tiene una extensión; y ésta no es algo añadido a aquélla. sino que es su manifestación en un orden determinado. Nos hallamos, por tanto, ante dos niveles diferentes de lo único real, el del ser per se, el ser substancial, y el del ser ab alio, modo de ser que afecta al primero en su realización espacio-temporal. Accidente de la substancia, la cantidad aparece en seguida como el más fundamental, pues los demás no pueden existir y variar sino a partir de él (ejemplo: un color no existe en sí, es siempre una estructura que afecta a algo que no es ella, pigmento o superficie). La cantidad desempeña por ello un papel privilegiado como manifestación de la substancia; por tanto, es susceptible de proporcionar una real inteligibilidad de la misma, y no se ve muy bien por qué habría de oponerse a ella, como única verdadera, la proporcionada por las cualidades; a propósito de éstas veremos el error en este punto de algunos neoscolásticos, olvidadizos de la enseñanza de santo Tomás acerca de la interpenetración y la complementariedad de estas dos especies de accidentes.

2. El efecto propio de la extensión.

El efecto propio de la cantidad continua, o extensión, es manifestar la substancia como compuesta de partes (integrantes) exteriores unas a otras, o, lo que viene a ser lo mismo, hacerla divisible en potencia (ordo partium in ordine ad totum). Por eso mismo, la extensión implica la idea de continuidad dimensional que puede ser dividida. Esta última característica exige una precisión. En efecto, a propósito de ella se aplica la distinción recordada antes entre la extensión abstracta y matemática y la extensión real, accidente de la substancia. Para la primera, la divisibilidad es concebible hasta el infinito; para la segunda, de la que hablamos aquí, la divisibilidad está limitada de hecho por un mínimo cuantitativo más allá del cual la substancia misma es alcanzada. Hemos llamado la atención sobre esta doctrina escolástica de los «mínimos», que reconoce que la idea misma de substancia está ligada ontológicamente a una cierta dimensión cuantitativa. Con ello se indica que la substancia no es puro continuo (pues, de suyo, lo continuo es divisible hasta el infinito); por el hecho de que la substancia se manifiesta por la organización de partes materiales, la divisibilidad real y física debe detenerse al nivel mínimo de tal organización; en el ser viviente ese nivel coincide con su unidad misma en cuanto todo; en el no viviente, a la más pequeña porción concebible como capaz de existir en estado libre. Con esta propiedad de divisibilidad. la cantidad continua revela su sujeción a la materia prima, por el hecho de que es potencialidad y fundamental indeterminación (por eso la unidad concebida como indivisible no puede nacer a partir de la materia sino de la forma). Así, la cantidad, en cuanto accidente, permite a la materia individualizar la forma, encarnarla con una cierta extensión, pues de suyo la materia prima, puro principio de ser, no pudiendo ser extensa (la extensión sólo puede ser cosa de un ser real), se ve afectada por la cantidad (signata quantitate). que es el principio de individuación de las formas.

B) EL NÚMERO O CANTIDAD DISCONTINUA

Aquí tampoco hay que pensar en el número abstracto, el número de los matemáticos (numerus numerans), que posee ante todo una existencia mental; aquí. de lo que se trata es del número como accidente real de la substancia, que es la cantidad discontinua, número concreto (numerus numeratus), modo de ser de la substancia, que resulta de su división de otra, es decir, del hecho de su multiplicidad; con la particularidad de que la división de que hablamos aquí no afecta a la idea formal encarnada en la substancia, puesto que se halla en cada unidad. El número real es de hecho una pluralidad de continuos, medida según una proporción que ha de ser definida según una unidad básica. El número que expresa esta pluralidad de hecho es, pues, un real aspecto del ser, que revela algo de él y que, por tanto, puede servir para ofrecer una inteligibilidad del mismo.

C) LA MEDIDA DE LAS CANTIDADES

Esta medida se realiza fundamentalmente por la comparación de una magnitud básica, unidad de medida, con la magnitud por medir; es el dominio del más y del menos. Tal técnica es el objeto propio de las matemáticas en cuanto ciencias de la medida (pues hay otra clase de matemáticas: las que apuntan, no ya a la medida, sino a la topología y a la teoría de los grupos). Y, siguiendo las dos clases de cantidades, se tiene: para lo continuo, la matemática de la magnitud (geometría y mecánica elemental), y para lo discontinuo la matemática del número (aritmética, álgebra). Además. en virtud del vinculo íntimo que une las dos clases de cantidades (principalmente, relación de origen, como hemos visto), era normal que viniese la idea de reunir esas dos ramas de las matemáticas, y el mérito de Descartes fue haber creado con Fermat, la geometría analítica, esfuerzo considerablemente prolongado por el descubrimiento del cálculo infinitesimal (diferencial e integral) por Newton y Leibniz.

2.0 La cualidad.

A) AMPLITUD Y REALIDAD DEL CAMPO CUALITATIVO

La expresión misma, «cualidad», dice originariamente todo lo que tiene referencia con una percepción sensorial (vista, oído, olfato, etc.). Pero, de modo más general, importa rebasar ese punto de partida, demasiado antropomórfico, para definir la cualidad, en cuanto accidente de la substancia. como significante de toda diferenciación o determinación en la línea de la forma, y accidentalmente en relación a ella (es decir, sólo expresiva de modalidades diversas, sin afectar a su naturaleza fundamental). Así, la cualidad, según Aristóteles comprende un gran número de especies. que tienen una vinculación más o menos estrecha con la cantidad (damos algunos ejemplos modernos para hacer como prender su permanente interés).

1. Primeramente hay todo lo que puede llamarse disposiciones del sujeto, en relación a la perfección de la forma que él realiza con más o menos plenitud; evidentemente, eso es válido ante todo respecto a los seres vivientes, a causa de la progresión con que se realiza su forma; en consecuencia, pueden estar afectados de disposiciones buenas o malas (en relación a la forma), tales como la salud o la enfermedad; respecto al hombre, por ejemplo, la virtudes. los vicios, las pasiones, etc. En las substancias inorgánicas, cabe pensar en todas las variaciones que pueden darse e ellas, sin que pierdan su definición (ejemplo: pluralidad de la valencias químicas; diferentes estados físicos de los cuerpos: sólido, líquido, gaseoso; carga eléctrica: isótopos, etc.).

2. En segundo lugar, entre las cualidades hallamos todo lo que es designado con los términos «potencias» fuentes de dinamismo y de acción; en el ser viviente, sus funciones orgánicas (nutrición, crecimiento, reproducción, etc.), las facultades del alma; en los no vivientes. innumerables formas de la energía, etc.

3. Además, todas las propiedades que la experiencia sensible revela en los cuerpos (colores, calor, humedad, dureza, características eléctricas, propiedades ópticas, etc.). Hay que notar, por otra parte, que estas clases de cualidades son más o menos dependientes de las precedentes, algo así como su representación; el coordinarlas corresponde únicamente a la ciencia.

4. Y finalmente, hay todo un grupo de cualidades dependientes de la cantidad, pues se manifiestan directamente gracias a ella, y que están resumidas en la idea de «figura» o configuración cuantitativa; esta última clase de cualidad es muy distinta de la cantidad en cuanto tal, pues es independiente de la extensión o magnitud. y está representada por la figura geométrica (por ejemplo, la idea de circulo o de triángulo es independiente de la mayor o menor extensión que ella reviste de hecho). Llamamos la atención sobre esta categoría cualitativa, directamente objeto de las matemáticas, y señalamos que éstas no son ajenas a una inteligibilidad cualitativa de la substancia (como se ha venido repitiendo en ciertos manuales; veremos mejor esta cuestión a propósito de la medida de las cualidades). Se ve, pues. qué inmenso muestrario de cualidades es éste, mucho más amplio que el grupo de las famosas cualidades sensoriales a las que se reduce con excesiva frecuencia la noción de cualidad (desde el siglo XVII), error que ha pesado largamente sobre la comprensión de la doctrina tomista por parte del mundo científico. Señalemos finalmente que esta división hecha por Aristóteles debería ser revisada, pues la ciencia nos ha enseñado las profundas conexiones que unen esas diversas clases de cualidades; lo esencial era subrayar la amplitud de las mismas, señal de la preocupación de no olvidar nada de lo real complejo. En cuanto a su objetividad, remitiendo a lo que se ha dicho antes basta pensar que todas esas cualidades implican siempre finalmente una referencia a una percepción sensorial(por lo menos, de orden visual) para comprender que tienen una real objetividad, como estructuras, ya sea sensibles, ya sea racionales; revelan múltiples aspectos del ser físico.

B) VINCULACIÓN ENTRE CUALIDADES Y CANTIDAD

Importa mucho, ahora, denunciar un lamentable error que se expresa en la creencia en una separación completa entre el orden cualitativo y el orden cuantitativo, separación enteramente ajena al pensamiento de Aristóteles y de santo Tomás. Este error tiene su origen en un hecho histórico citado anteriormente, que explica que Aristóteles y sobre todo sus discípulos medievales ni pusieran apenas interés en la explotación del vínculo existente entre los dos órdenes de cosas, habiendo descuidado aplicar la medida cuantitativa al estudio de lo real, lo cual, sin embargo, venía exigido por la doctrina misma; este hecho hizo creer a los pioneros de la ciencia clásica que ellos inauguraban una nueva inteligibilidad, desconocida de los antiguos, siendo así que no hicieron más que explotar con éxito una doctrina que no había pasado de ser toda ella teórica. Es evidente el peligro de esta confusión: absolutizar la cantidad, olvidando su vinculación con las cualidades definidas hace poco. Veamos la cuestión con más detenimiento.

l. La cantidad es el soporte de las cualidades.

Un hecho domina toda la cuestión: las cualidades, en cuanto accidentes, manifiestan y realizan la substancia en el espacio y tiempo; por tanto, no pueden existir sino por la cantidad, que, con respecto a ellas, desempeña entonces el papel de una «cuasi-substancia»; las cualidades no afectan a la substancia propiamente dicha sino por mediación de la cantidad. Nunca hay una cualidad que se manifieste tal cual es sin un soporte cuantitativo; un color es siempre el de una superficie, un sonido es siempre vibración de un medio material. una energía es siempre la manifestación de una realidad material (en el sentido filosófico de la palabra), una emoción sensible la de una modificación psíquica. etc. Por eso es ridículo imaginarse una realidad física puramente cualitativa, y por tanto desprovista de vinculación con la cantidad y la medida matemática (precisamente, de lo que se trata es de hallar una realidad, apropiada, como veremos más adelante); en algunos medios escolásticos, como reacción contra los excesos del mecanicismo cartesiano, se llegó a olvidar una enseñanza capital del aristotelismo, al pretender crear una filosofía puramente cualitativa. Esta vinculación congénita trae consigo, pues, una consecuencia importante: cuando no sea posible medir directamente una cualidad (en sí, esta medida es difícil; más adelante veremos por qué), será posible hacerlo indirectamente por mediación de un proceso cuantitativo, ligado a la cualidad por medir, pero evidentemente con la obligación de no olvidar la heterogeneidad de los dos campos (olvido del que resulta un empobrecimiento de la inteligibilidad). E inversamente, importa señalar que la cantidad nunca puede eliminar el campo de las cualidades: lo supone constantemente, como un orden a cuyo servicio ella está consagrada. Una medida cuantitativa no tiene por sí sola ningún significado, si no se sabe lo que se mide (leer una cifra en un barómetro no es lo mismo que leerla en un termómetro); esta comprobación es tan trivial que a veces escapa a la atención de mentes obnubiladas por la rentabilidad y la facilidad de la medida cuantitativa. E igualmente, cuando la medida cuantitativa se refiere a puras relaciones entre fenómenos, su significado. su intencionalidad, nunca es del puro orden cuantitativo, sino que apunta a un cierto género de relaciones, es decir, a una cualidad. En suma: si las matemáticas son el reino de la cantidad por la cantidad misma, las ciencias de lo real - física, química, biología. etc. - operan matemáticamente, sí, pero insertando en sus medidas intenciones cualitativas en diversificaciones innumerables. Y si la física actual adopta cada vez más una formalidad matemática (es decir, que las matemáticas no son para ella un mero instrumento, sino el alma de su investigación). sin embargo sigue siendo física en su proyecto y en la materia que ella explora, lo cual obliga a diversificar cualitativamente sus conceptos.

2. La cuantificación de las cualidades en santo Tomás.

Por eso, sería extraño que Aristóteles y santo Tomás no hubiesen entrevisto alguna vez las aplicaciones de esa vinculación entre cantidad y cualidades, vinculación postulada por su doctrina y empleada tan abundantemente por la ciencia moderna. De hecho, hallamos en ellos numerosos ejemplos de esa matematización de las cualidades; algunos son incluso lo bastante espectaculares como para dar qué pensar y llevar a denunciar el mito que pretende ver en su síntesis una pura filosofía cualitativa. Así, para santo Tomás (que sigue de cerca a Aristóteles en este punto), el estado de todo el universo físico, vegetal, animal, depende en cada instante del movimiento local (es decir cuantitativo) de las esferas celestes, hasta el punto de que la acción de éstas, que prolonga la acción divina, llega incluso a la conservación de los seres vivientes; si las esferas celestes se detuviesen. todos los seres mixtos se descompondrían, Y no quedarían más que los cuatro elementos; se trata, pues, de un sistema sometido a una ley homogénea, de parámetros poco numerosos, que define el mundo de la vida y el inorgánico de un modo aún más matemático que el sistema de Laplace; y si los medievales no explotaron más esta idea fue porque le faltó la herramienta matemática adaptada . En suma: la física medieval era en sus principios mucho más matemática de lo que se ha pretendido e incluso que la de hoy; aun cuando las explicaciones de entonces parezcan anticuadas en nuestros días, la idea básica es de lo más moderna y propicia a una matematización de todo lo real físico y biológico. Además. en dos sectores esenciales, la vinculación entre las matemáticas y la metafísica fue señalada vigorosamente por santo Tomás: así, la generación substancial de los cuerpos está estrictamente determinada por unas condiciones físicas que sólo unas cifras pueden definir adecuadamente (así, la generación y la corrupción de todos los cuerpos, incluso vivientes, depende de la intensidad de las cualidades sensibles, en particular, al movimiento y a la posición del sol en la elíptica se les atribuía una importancia esencial, incluso para la generación humana). Finalmente la teoría del primer motor inmóvil, piedra clave de la física tomista, era estrechamente dependiente de toda la complicada cinemática de los epiciclos. Antes hemos llamado la atención sobre el hecho de que la astronomía de las esferas no era una simple imaginería. una simple ilustración sin ningún impacto en la doctrina misma. Aun cuando esta astronomía esté ya caducada la vinculación entre la matematización que ella implica y la inteligibilidad del mundo no puede estarlo y debe retener nuestra atención (la acción divina, esencialmente cualitativa, se expresaba efectivamente, en su origen por un puro movimiento local de orden matemático, circular. continuo y uniforme, destinado a ser diversificado por los movimientos de las demás esferas, para alcanzar finalmente el mundo terrestre).

3. Superación del mito que opone cantidad a cualidades.

Por eso, la revolución instaurada por el advenimiento de la ciencia clásica y el mecanicismo cartesiano no afecta, en su principio básico, a la auténtica concepción de la física aristotélica; los innovadores del siglo XVII se creyeron tales únicamente porque no tenían frente a ellos más que algunos deleznables representantes del aristotelismo que habían descuidado la explotación y la prolongación de la enseñanza de su maestro. La novedad esencial de la ciencia moderna es, pues, haber empleado es idea básica de la doctrina tradicional, y, para ello, haber dejado de dar la primacía a los datos sensoriales, demasiado subjetivos, y haberlos sustituido por otras cualidades, pero físicas (masa, gravedad, electricidad, magnetismo, luz, etc.) más ligadas a las propiedades de los cuerpos y más accesibles a la medida matemática, explotada entonces con la amplitud que ya es conocida. Por tanto, decir que la física moderna es únicamente cuantitativa, y que la de la edad media era cualitativa, es un sinsentido histórico. Tales cambios, característicos de la física moderna. no tienen nada de condenables en si (se sitúan en el espíritu de la doctrina tradicional); su integración en una ideología dualista y mecanicista los ha comprometido, sin embargo, en el espíritu de muchos renovadores del tomismo que no han sabido reconocer su carácter tradicional; éstos, engañados por los clamores de los innovadores, que repudian las cualidades sensibles, han creído demasiado aprisa que el culto casi exclusivo de éstas era la condición esencial de un retorno a santo Tomás. Una más exacta apreciación de los datos del problema puede facilitar, pues, la comprensión entre las dos concepciones de la naturaleza.

E) LA MEDIDA DE LAS CUALIDADES

La cantidad es el dominio natural de la medida matemática. En efecto, crece por adición de elementos homogéneos. Lo esencial es hallar una magnitud unidad básica cuya multiplicación (o división) coincida con la magnitud por medir. Para la cualidad es imposible emplear tal procedimiento de medida; por ser expresión de la forma, de su crecimiento (o decrecimiento) resulta una heterogeneidad básica; en este caso, los escolásticos hablaban de «magnitud intensiva» (intensio et remissio formarum) , Evidentemente, hay un procedimiento indirecto pero que no es en sí una medida de la cualidad; consiste en asociar el crecimiento mensurable de una cantidad al de una cualidad (por una vinculación de causa a efecto); por ejemplo: el crecimiento cuantitativo de la columna de mercurio del termómetro mide indirectamente el crecimiento cualitativo de la temperatura; la ciencia se contenta generalmente con tal procedimiento indirecto, que no debe ocultarnos la heterogeneidad entre cantidad y cualidad; así, en este mismo ejemplo, la temperatura revela su carácter cualitativo por el hecho de que no puede adicionarse (un litro de agua a 10 grados adicionado a otro litro de agua a 10 grados no darán mas que dos litros de agua a 10 grados) . Por eso, el filósofo puede plantearse el problema de la posibilidad de una medida directa de las cualidades. Aristóteles y Santo Tomás lo habían resuelto por dos procedimientos; puesto que no se puede adicionar una unidad básica, la medida puede hacerse por la relación existente entre dos grados de intensidad (ejemplo: los intervalos musicales); entonces es posible comparar las relaciones, independientemente de toda unidad básica. Pero lo que ofrece más interés es sobre todo la doctrina del «máximo». Consiste en tomar como unidad, no ya un mínimo como para la cantidad, sino el grado máximo de intensidad del fenómeno estudiado, al cual se puede comparar el grado por medir. Se ha hecho observar el interés de esta doctrina aristotélica, que corresponde a un método ampliamente utilizado en numerosos sectores de la ciencia moderna, prueba evidente de que ésta no ignora las cualidades .

{
}
{
}

Deja tu comentario Las propiedades del ser físico: Cantidad y cualidad

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre