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La visión científica del mundo. El Circulo de Viena

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 Tomado de: Mariano Artigas, El desafío de la racionalidad,

EUNSA, Pamplona, pags.23-44

El Círculo de Viena, cuya doctrina suele denominarse empirismo lógico o neo-positivismo, fue un movimiento que reunió a un grupo de filósofos y científicos empeñados en establecer una filosofía científica que, en su opinión, correspondería al progreso de las ciencias y señalaría el advenimiento de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Aunque la actividad del Círculo solamente duró desde 1929 hasta 1938, ejerció un influjo decisivo sobre la filosofía de la ciencia contemporánea. A pesar de que las tesis filosóficas fundamentales del Círculo de Viena han sido objeto de críticas por parte de autores muy diversos, de tal modo que nadie las sostiene en la actualidad, una buena parte del espíritu filosófico del Círculo ha determinado muchos planteamientos y soluciones de la moderna filosofía de la ciencia, que no puede entenderse sin tener presente la filosofía del Círculo de Viena. Examinaremos a continuación los rasgos más destacados del pensamiento neo-positivista, por el interés que en sí mismo tiene y porque constituye una base imprescindible para comprender las discusiones posteriores de la filosofía de la ciencia . Antecedentes y programa del Círculo Hacia 1910, ya existía en Viena una tradición filosófica que tenía un claro signo empirista y que se centraba en el estudio de los conceptos y métodos científicos. Esa tradición arrancaba del físico Ernst Mach (1938-1916), autor de diversas obras que ejercieron gran influencia, tales como La Mecánica: exposición histórico-crítica de su desarrollo, de 1883; El análisis de las sensaciones, de 1886, y Conocimiento y error, de 1905 . Mach sostenía una postura fenomenista porque la ciencia, según Mach. sólo trata acerca de los «fenómenos», de las apariencias tal como se presentan en la experiencia, de tal modo que toda pretensión de. alcanzar una realidad más allá de las apariencias sería una pretensión «metafísica», imposible de ser realizada. Por eso. Mach se opuso hasta sus últimos años a la teoría atómica, ya que los átomos le parecían ser unas realidades metafísicas que no son experimentables y que deberían ser dejadas fuera de la consideración científica. La posición de Mach también es instrumentalista porque sostiene que la ciencia tiene como finalidad simplemente la «economía del pensamiento», o sea enunciar leyes y teorías que ahorrarían muchas experiencias, pero de las cuales no se podría decir realmente que fueran verdaderas o falsas. La ciencia, en esta perspectiva. no sería otra cosa sino un instrumento útil para la adaptación biológica del hombre. Una ciencia limitada a los fenómenos sin admitir preguntas acerca de la realidad que fueran más allá de la experiencia, una ciencia reducida a una herramienta útil sin dejar lugar para la valoración de la verdad: ésa es la perspectiva de Mach. Se le podría reconocer un cierto valor si sólo se pretendiese evitar que la ciencia experimental se vea implicada en problemas metafísicos que no son de su competencia: en este sentido, Mach realizó una vigorosa crítica de los conceptos newtonianos de espacio y tiempo absolutos como conceptos «metafísicos» no experimentables y que deberían ser desterrados de la ciencia, y de este modo dio un paso adelante que fue continuado, poco después, por la teoría de la relatividad de Einstein. Sin embargo, esa imagen de la ciencia resulta demasiado pobre cuando se pretende comprender la actividad científica real en su conjunto, y más todavía cuando se extraen de ella consecuencias filosóficas de carácter general acerca del valor del conocimiento humano. En 1895 fue creada en la Universidad de Viena una cátedra de Filosofía de las ciencias inductivas para Mach, quien la ocupó hasta 1901. Así se extendió la influencia de la filosofía empirista y anti-metafísica, centrada en el estudio del conocimiento científico, propugnada por Mach. En 1922 ocupó la mencionada cátedra Moritz Schlick quien, al igual que sus predecesores, había llegado a la filosofía desde la física. En 1904 había hecho su doctorado en física bajo la dirección de Max Planck, y luego se graduó en filosofía y se convirtió en profesor de filosofía (primero en Rostock y Kiel, y desde 1922 en Viena). Schilck había publicado en 1918 su Teoría general del conocimiento, y su prestigio e influencia hicieron que se viera rodeado de filósofos y científicos de tendencia empirista y anti-metafísica que iban a dar origen a lo que ellos mismos llamaron el «Círculo de Viena» . El espíritu del Círculo de Viena puede ser resumido en la expresión La visión científica del mundo: éste fue el título del opúsculo que, editado en 1929 por varios de sus miembros. Señaló la constitución del Círculo como movimiento filosófico ;. Con esta expresión se quería señalar que la filosofía debería ser científica, imitando a la ciencia en su claridad y rigor lógico, y ocupándose principalmente del estudio de los conceptos y métodos de las ciencias empíricas. En palabras de Victor Kraft, que era uno de los miembros del Círculo, «existía una orientación fundamental común: la cientificidad de la filosofía. Las rigurosas exigencias del pensamiento científico han de valer también para la filosofía (...) con ello venía dada también la oposición contra toda metafísica dogmática especulativa. La metafísica había de ser eliminada por completo. Esta era la razón de que el Círculo de Viena estuviese vinculado con el positivismo» . Efectivamente, el Círculo se propuso la eliminación de la metafísica como una de sus tareas fundamentales. En este aspecto, el Círculo estaba fuertemente influido por las ideas empiristas de Mach (varios de sus miembros habían fundado en 1928 la «Asociación Ernst Mach», pero no fue menor el influjo proveniente del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein. La influencia de Wittgenstein Wittgenstein había publicado en 1922 su Tractatus logico-philosophicus en Inglaterra con una introducción de Bertrand Russell (cuyas ideas influyeron también, sin duda, en el Círculo). El Tractatus de Wittgenstein es un estudio sobre la naturaleza de la lógica, y su tesis central es formulada por su autor en el prólogo con estas palabras: «el libro trata de problemas de filosofía y muestra, al menos así lo creo, que la formulación de estos problemas descansa en la falta de comprensión de la lógica de nuestro lenguaje» . Los miembros del Círculo de Viena realizaron una interpretación demasiado simple de las ideas de Wittgenstein, cuya intención. a pesar de algunas apariencias, era mucho más profunda que la interpretación neo-positivista . Esa interpretación dio lugar a la siguiente perspectiva filosófica: todas nuestras afirmaciones acerca de los hechos se componen de afirmaciones acerca de hechos simples («hechos atómicos»), de modo que todo enunciado que tenga sentido será una función de enunciados acerca de hechos atómicos (tales enunciados acerca de hechos atómicos son denominados «proposiciones elementales»); las afirmaciones que no sean una función de proposiciones elementales carecerán de sentido y. por tanto, no pueden ser verdaderas ni falsas (son enunciados mal construidos). Esa perspectiva se basaba. ciertamente. en algunos pasajes del Tractatus de Wittgenstein. como los siguientes: «si la proposición elemental es verdadera, el hecho atómico existe; si es falsa, el hecho atómico no existe» ; «la enumeración de todas las proposiciones elementales verdaderas describe el mundo completamente. El mundo está completamente descrito por la especificación de todas las proposiciones elementales más la indicación de cuáles son verdaderas y cuáles falsas» ; «la proposición es una función de verdad de las proposiciones elementales» . De acuerdo con esta perspectiva. un lenguaje bien construido deberá reducirse a combinaciones lógicas de las proposiciones elementales. y un lenguaje mal construido –o sea, construido de otro modo- dará lugar a afirmaciones de las cuales no se podrá decir que sean verdaderas ni falsas: serán expresiones mal construidas lógicamente y, por tanto, carentes de sentido o significación. Se comprende, en este contexto, que Wittgenstein califique como carente de sentido la mayor parte de los problemas y afirmaciones de los filósofos anteriores: «La mayor parte de las proposiciones y cuestiones que se han escrito sobre materia filosófica no son falsas, sino sin sentido. No podemos, pues, responder a cuestiones de esta clase de ningún modo, sino establecer solamente su sinsentido» . A todo ello se añadían ideas abiertamente cientificistas ya que Wittgenstein afirmó que «La totalidad de las proposiciones verdaderas es la ciencia natural total (o la totalidad de las ciencias naturales)» . Por tanto, Wittgenstein parecía negar la posibilidad de una filosofía que afirme algo verdadero acerca de hechos. ¿Cuál será, entonces, el papel de la filosofía? Sólo le queda una tarea: el análisis lógico del pensamiento. Wittgenstein lo afirmó explícitamente: «El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría. sino una actividad (... ) El resultado de la filosofía no son 'proposiciones filosóficas', sino el esclarecerse de las proposiciones)» . Las conclusiones de esta postura son tajantes. Por una parte, fuera de la lógica y de la ciencia natural, no puede expresarse nada que tenga sentido. Por otra, la función de la filosofía queda reducida al análisis lógico del lenguaje. Además. toda pretensión «metafísica» de alcanzar la realidad por medios que no sean los de las ciencias naturales carece de sentido y desemboca en pseudo-proposiciones sin sentido. En definitiva, «(El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir. las proposiciones de la ciencia natural -algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía-; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones)» . Wittgenstein no dejaba de advertir un reproche que fácilmente podría hacérsele: que sus propias afirmaciones son filosóficas y, según sus propios cánones, carecerían de sentido. Pero no intenta justificarse; admite que sus proposiciones carecen de sentido, y afirma que aclaran la situación de tal modo que deben abandonarse una vez que se ha comprendido lo que pretenden: «Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido)» . Sehlick y los miembros del Círculo de Viena intentaron subir por la escalera que les ofrecía Wittgenstein, pero sin tirarla después. Aunque Wittgenstein nunca fuera miembro del Círculo, su Tractatus fue objeto de gran atención en las discusiones del Círculo, y sus miembros llegaron a una postura muy semejante a la que acabamos de sintetizar con citas del Tractatus (e incluso simplificaron la postura de Wittgenstein, quien, probablemente, no estaría de acuerdo con ciertas tesis del Círculo). Brevemente expresada, la postura original del Círculo de Viena afirmaba que una proposición con sentido es una proposición que se puede verificar mediante el recurso a la experiencia, y que solamente pueden verificarse de este modo las proposiciones de la vida ordinaria y de las ciencias experimentales: cualquier otra proposición carece de sentido (no puede ser verdadera ni falsa). En consecuencia, toda pretensión metafísica debería ser eliminada mostrando su carencia de sentido; la filosofía viene reducida al análisis lógico: en su aspecto negativo, el análisis lógico sirve para desenmascarar la falta de sentido de toda metafísica, y, en su aspecto positivo, sirve para fundamentar lógicamente las ciencias. La actividad del círculo de Viena Los miembros del Círculo de Viena pretendían inaugurar una nueva y definitiva etapa del pensamiento humano: después de siglos, el descubrimiento de la verdadera naturaleza de la lógica permitiría superar las estériles pugnas de los sistemas filosóficos y llegar a la verdadera visión del mundo y del conocimiento humano. Así, Schlick afirmaba: «estoy convencido de que nos encontramos en un punto de viraje definitivo de la filosofía, y que estamos objetivamente justificados para considerar como concluido el estéril conflicto entre los sistemas. En mi opinión en el momento presente ya estamos en posesión de los medios que hacen innecesario en principio un conflicto de esta naturaleza. Lo que se necesita ahora es aplicarlos resueltamente» . Desde luego, los miembros del Círculo se dedicaron resueltamente a elaborar y difundir sus ideas. El Círculo tenía sus reuniones propias (que se celebraban en el seminario de Schlick), y además se celebraban otras reuniones con personas que no pertenecían al Círculo, en las que se discutían temas filosóficos. En 1930, Rudolf Carnap y Hans Reichenbach se hicieron cargo de la revista Annalen der Philosophie, que cambió su título por el de Erkenntnis; esta revista sirvió para exponer las ideas y actividades del Círculo. Moritz, Schlick y Philipp Frank dirigieron la serie de libros «Escritos para la visión científica del mundo», la mayoría de los cuales estaban escritos por miembros del Círculo. Además, el Círculo estableció amplias conexiones con personas e instituciones de otros países. Así, desde su comienzo tuvo estrechas relaciones con la «Sociedad de Filosofía empírica» de BerIín, a la que pertenecía Hans Reichenbach. Carnap marchó a la Universidad de Praga en 1931, y allí constituyó, junto con Philipp Frank, una filial del Círculo de Viena. En los años en los que funcionó, el Círculo se relacionó además con filósofos escandinavos (Arne Naess, Joergen Joergensen, la escuela de empiristas de Upsala, y otros), grupos de filósofos y lógicos holandeses y polacos, y diversos simpatizantes norteamericanos (Ernst Nagel, Charles Morris, W.O. Quine) y británicos (Susan Stebbing, Gilbert Ryle, R.B. Braithwaite, A. J. Ayer). En pocos años, el Círculo también organizó varios congresos . Ya en 1929 el Círculo intervino como grupo autónomo (junto con la «Sociedad de Filosofía empírica» de Berlín) en un congreso de físicos y matemáticos alemanes celebrado en Praga, y allí organizó simultáneamente un congreso sobre filosofía de la ciencia. Otro congreso similar fue organizado en 1930 en Alemania (Konigsberg). En 1935 se celebró un importante congreso en París, en el que participaron unos 170 personas de más de 20 países, al que siguieron un segundo congreso internacional (Copenhague, 1936), un tercero (París, 1937), un cuarto (Cambridge, Inglaterra, 1938) y un quinto (Cambridge, Massachusetts, 1939) celebrado ya en América. El neo-positivismo La postura básica del Círculo de Viena se ha denominado empirismo lógico porque, como otras posturas empiristas. pretende fundamentar el valor de todo conocimiento sobre la experiencia sensible, sobre la observación experimental, y además pretende que mediante el análisis lógico puede mostrarse que toda afirmación con sentido debe reducirse a enunciados acerca de la experiencia. Se ha llamado también positivismo lógico y neopositivismo porque. en la línea de la tradición positivista del filósofo francés Augusto Comte (1798-1857). afirma que todo conocimiento válido se reduce a las ciencias experimentales. y que éstas se limitan a relacionar los fenómenos sin que sea posible un conocimiento «metafísico» que vaya más allá de lo que puede captarse mediante la observación experimental. Según esta postura, fuera de las ciencias empíricas -que quedarían reducidas a lo verificable experimentalmente- no puede existir ningún otro conocimiento válido de los hechos, de tal modo que los pretendidos conocimientos no científicos serían, en realidad, simplemente expresión de actitudes emotivas ante la vida; responderían a una actitud que sería legítima en el arte, por ejemplo, pero no lo sería cuando se pretende establecer un conocimiento acerca de la realidad. De acuerdo con esta idea, una equivocada actitud «metafísica» sería la que habría dado lugar a la existencia de mitos y teorías filosóficas que no tienen razón de ser y que son superadas por el avance de la ciencia. En palabras de Carnap: «la metafísica posee un contenido -sólo que éste no es teorético. Las (pseudo) proposiciones de la metafísica no sirven para la descripción de relaciones objetivas, ni existentes (caso en el cual serían proposiciones verdaderas), ni inexistentes (caso en el cual -por lo menos- serían proposiciones falsas); ellas sirven para la expresión de una actitud emotiva ante la vida» . Por lo tanto, la «metafísica»» podría ser calificada como «poesía intelectual» quizá útil para la expresión de sentimientos subjetivos, pero incapaz de expresar verdaderamente situaciones objetivas (y hay que tener en cuenta que, para el Círculo de Viena, lo «metafísico» es en general toda filosofía que pretenda hablar acerca de hechos, ya que esa pretensión sólo sería legítima en el caso de las ciencias experimentales). De nuevo en palabras de Carnap: «el metafísico mismo sufre la ilusión de que por medio de las proposiciones metafísicas se declara algo, se describe una situación objetiva ( ... ) Acaso la música resulte al medio de expresión más idóneo de esta actitud ante la vida ( ... ) En verdad los metafísicos son músicos sin capacidad musical, en sustitución de la cual tienen una marcada inclinación a trabajar en el campo de lo teorético, a conectar conceptos y pensamientos. Ahora bien, en lugar de utilizar esta inclinación por una parte en el campo de la ciencia y por la otra satisfacer su necesidad de expresión en el arte, el metafísico confunde ambas y crea una estructura que no logra nada en lo que toca al conocimiento y que es insuficiente como expresión de una actitud emotiva ante la vida» . La verificación empírica La postura neopositivista se basa en gran parte en lo que se llamó el «criterio empirista de significado», según el cual una afirmación acerca de hechos sólo tendría significado (o sentido) si existiese algún procedimiento empírico (basado en experiencias observables) para comprobarla. Se trata, según Schlick, de «el principio de que el sentido de toda proposición se halla totalmente contenido en su verificación mediante lo dado» , de tal modo que «una proposición posee un significado enunciable sólo cuando muestra una diferencia comprobable entre la situación de que sea verdadera y la de que sea falsa» . El poder dar sentido a las afirmaciones equivale, entonces, a la posibilidad de su verificación empírica, de tal modo que todo enunciado con-sentido ha de referirse a situaciones de hecho comprobables empíricamente: si esas situaciones se dan, el enunciado está verificado, y en caso contrario el enunciado es falso. Por el contrario, un enunciado no comprobable empíricamente es un enunciado sin-sentido; no puede decirse siquiera que sea verdadero ni falso, puesto que es un enunciado mal construido, como lo sería por ejemplo decir en castellano «el galo abajo azul ello sin». Los enunciados no verificables son enunciados sin-sentido, que han sido construidos sin respetar las reglas de la sintaxis lógica. Fuera de los conocimientos verificables por la observación, no hay ningún conocimiento verdadero. Y fuera de los enunciados de la vida diaria y de las ciencias experimentales no hay enunciados verificables empíricamente. Schlick resumió de este modo la postura del Círculo acerca del principio de verificación: «el acto de verificación en el que desemboca finalmente el camino seguido para la resolución del problema siempre es de la misma clase: es el acaecimiento de un hecho definido comprobado por la observación, por la vivencia inmediata. De esta manera queda determinada la verdad (o la falsedad) de todo enunciado, de la vida diaria o de la ciencia. No hay, pues, otra prueba y confirmación de las verdades que no sea la observación y la ciencia empírica. Toda ciencia (en cuanto referimos esta palabra al contenido y no a los dispositivos humanos para llegar a él) es un sistema de conocimientos, esto es, de proposiciones empíricas verdaderas. Y la totalidad de las ciencias, con inclusión de los enunciados de la vida diaria, es el sistema de los conocimientos. No hay. además de él, ningún dominio de verdades 'filosóficas'. La filosofía no es un sistema de proposiciones, no es una ciencia)» . La función de la filosofía En ese contexto, la función de la filosofía queda claramente señalada: «la actividad mediante la cual se descubre o determina el sentido de los enunciados: ésa es la filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por medio de la ciencia se verifican» . La filosofía, por tanto, no se ocupa de la, situaciones de hecho: según el neopositivismo, su tarea se limita a la aclaración del sentido de las proposiciones, o sea, al análisis lógico mediante el cual se delimita qué proposiciones tienen sentido y cuáles no lo tienen, y cuál es el sentido de las primeras. Según esta postura, no existen problemas filosóficos acerca de la realidad: todo problema acerca de la realidad será estudiado por las ciencias experimentales (o pertenecerá al ámbito de la vida ordinaria) y su solución deberá buscarse mediante los procedimientos de verificación experimental, de tal modo que las preguntas y respuestas no verificables experimentalmente serán rechazadas como carentes de sentido. Así se entiende por qué Schlick afirmaba que las discusiones filosóficas, tradicionales podían darse por concluidas definitivamente. Según su postura, los problemas tradicionales de la filosofía responden a cuestiones mal planteadas: «la metafísica se hunde no porque la realización de sus tareas sea una empresa superior a la razón humana (como pensaba Kant, por ejemplo), sino porque no hay tales tareas» . La filosofía sería, pues, una actividad mediante la cual se aclara el significado de los enunciados (como afirmaba Wittgenstein), y no un conjunto de conocimientos: el error de la filosofía tradicional habría sido pretender expresar lo inexpresable, presentando como un sistema de conocimientos lo que en realidad serían soluciones erróneas a problemas mal planteados. La eliminación de la «metafísica» era. como se ha señalado, una tarea fundamental del Círculo. Así, Carnap afirmaba: «nuestra tesis es que el análisis lógico ha revelado que las pretendidas proposiciones de la metafísica son en realidad pseudoproposiciones» . Carnap aplicó esta tesis a diversos casos concretos, aludiendo. entre otros, a los conceptos de «principio», «Dios», «el Absoluto», «lo Infinito»; su conclusión es tajante: «las pretendidas proposiciones de la metafísica que contienen estas palabras no tienen sentido, no declaran nada, son meras pseudoproposiciones ». La razón de esta conclusión, en último término, es que cualquier conocimiento acerca de los hechos pertenece necesariamente -según Camap- a las ciencias empíricas: «la situación es tal que no puede haber proposiciones metafísicas plenas de sentido. Ello se sigue de la tarea que la metafísica se plantea: el descubrimiento y la formulación de un género de conocimiento que no es accesible a la ciencia empírica» . Este dictamen es aplicado por Carnap a cualquier especulación que pretenda llegar a algo que esté más allá de la experiencia, y por tanto también a toda ética que pretenda tener un valor para expresar normas de conducta . La tarea de la filosofía queda entonces reducida al análisis lógico, mediante el cual, por una parte, se eliminarían las pseudoproposiciones carentes de sentido, y por otra, se fundamentarían lógicamente las ciencias empíricas: esa tarea de análisis logico es llamada «filosofía científica» por contraposición a la metafísica . Ciencia, filosofía y racionalidad En definitiva. el neopositivismo se presentaba como la actitud racional frente a los hechos: sobre la base de los estudios acerca de la lógica, pretendía establecer una diferencia tajante entre el conocimiento objetivo de los hechos (reservado a las ciencias experimentales y a algunos aspectos del conocimiento ordinario) y el pseudo conocimiento de los hechos (que sería el de toda pretensión filosófica de hablar acerca de los hechos). Lo «metafísico» sería irracional en cuanto que no sería más que una expresión artística. generalmente de mal gusto, que se pretendería hacer pasar por conocimiento verdadero de los hechos. Por tanto, sería irracional formular preguntas que no pueden ser contestadas de acuerdo con los métodos experimentales, tales como: ¿qué es el conocimiento? ¿qué es la libertad?, ¿existe Dios?, ¿existen normas morales que derivan de la naturaleza humana? y otras semejantes; y asimismo serían irracionales las respuestas que pretendiesen contestar a tales preguntas sin-sentido. La nueva filosofía del Círculo de Viena se presentó bajo el título de filosofía científica, en cuanto que negaba el valor de conocimiento de la realidad a toda pretensión cognoscitiva fuera de las ciencias experimentales, y centraba toda la actividad filosófica únicamente en el análisis lógico de los fundamentos de tales ciencias. Así se llegaba a la visión científica del mundo: todo conocimiento queda reducido a las ciencias empírica., y toda filosofía queda reducida al análisis lógico de los fundamentos de las ciencias . El conocimiento propio de las ciencias empíricas es presentado por el neopositivismo como el único modelo válido de conocimiento y esto se pretende apoyar en el criterio empirista de significado. La racionalidad científica pretende descalificar a la filosofía metafísica como una empresa irracional. Para valorar el intento neopositivista hemos de responder a dos cuestiones básicas: ¿qué valor tiene el criterio empirista de significación? y ¿es adecuada la caracterización de las ciencias empíricas tal como se encuentra en el neopositivismo? Analizaremos a continuación estos dos interrogantes (aunque ya hemos aludido al primero, ahora debemos considerarlo con mayor detenimiento para delimitar su valor). El criterio empirista de significado En cuanto a la primera cuestión. pronto surgieron dificultades en el seno mismo del Círculo de Viena. El criterio empirista de significado suponía que todo conocimiento válido se había de apoyar. en última instancia, en enunciados acerca de hechos observables (algo semejante a las «proposiciones elementales» de Wittgenstein. que en el Círculo comenzaron a llamarse «proposiciones protocolares»). Pero es fácil advertir que no se pueden formular afirmaciones que «traduzcan» en palabras unas «puras observaciones»: si yo enuncio una afirmación lo más concreta posible. tal como «en tal fecha y a tal hora, yo compruebo que este termómetro marca 15 grados centígrados». no he traducido una «pura observación». ya que en esa afirmación he utilizado palabras como «termómetro» y «grado centígrado de temperatura» que requieren explicaciones Y. al tratar de dar tales explicaciones tropiezo con conceptos como el de «temperatura». «escala» y «medida» que no son el resultado de puras observaciones; y lo mismo puede notarse acerca de cualquier enunciado que pretendiera expresar observaciones puras. Por estos motivos. los miembros del Círculo se vieron en seguida en la necesidad de profundizar en estas cuestiones. Pero, al intentarlo. surgían nuevos problemas. ya que carecían de una teoría del conocimiento que les permitiera estudiar adecuadamente el conocimiento de la realidad. Según su propia filosofía. ni siquiera existiría la teoría del conocimiento (e incluso no podría hablarse propiamente de filosofía): solamente serían admisibles aquellas afirmaciones acerca del conocimiento que fuesen comprobables experimentalmente. En esas condiciones. es imposible plantearse correctamente los problemas relacionados con la verdad del conocimiento, ya que la verdad significa una adecuación entre lo que se afirma y la realidad, y el criterio empirista de significado (la verificación experimental), al prohibir que se planteen cuestiones que no puedan responderse mediante la observación experimental, impide que se planteen preguntas acerca de las nociones mismas de «verdad» y «realidad». En efecto. el método de la ciencia experimental supone que se admite una teoría realista del conocimiento, o sea, supone una concepción del conocimiento que, según el neopositivismo. sería «metafísica» y por tanto «carente de significado». En efecto, supone que buscamos conocer la naturaleza y que disponemos de recursos para alcanzar conocimientos que pueden ser verdaderos. La «verificación» de nuestras hipótesis sólo tiene sentido si disponemos de unas ideas acerca de la verdad y de cómo distinguirla de la falsedad, y tales ideas no pueden provenir de la experimentación, que más bien las supone. En definitiva, si se pretende apoyar todo el conocimiento en la experimentación, a la vez que se niegan sus supuestos filosóficos. es inevitable acabar en un callejón sin salida. Esto es lo que, de hecho, sucedió a los neopositivistas. Los sucesivos intentos de aclarar el criterio empirista de significado acababan una y otra vez en callejones sin salida, o sea, en dificultades filosóficas insuperables. La situación fue descrita por Carl G. Hempel, filósofo alemán que perteneció al grupo de Berlín relacionado con el Círculo de Viena. Veámosla con cierto detalle. Hempel escribió en 1950 un artículo en el que examinaba esos intentos y sus dificultades. Hempel señala que, en los primeros tiempos del Círculo. se exigió como requisito para que un enunciado fuese significativo el que pudiese ser verificado completamente por medio de la observación , pero, después de señalar graves dificultades que surgen al explicar esta exigencia, concluye que es inadecuada . A continuación Hempel examina diversos intentos que se realizaron posteriormente para salvar las dificultades, concluyendo que sería inútil seguir buscando un criterio de verificabilidad comparando los enunciados de que se trate con enunciados de observación . punto este que hoy es generalmente admitido incluso por los filósofos de tendencia positivista (como el propio Hempel). A partir de ahí, el estudio de Hempel toma una dirección sorprendente: se tratará de formular en primer lugar las características de.! lenguaje que se consideraría empirista, para en un segundo momento formular un criterio que permita asignar significado empírico a un enunciado si se lo puede traducir al lenguaje empirista : de este modo se hace explícito lo que desde el principio podía advertirse: que el criterio empirista de significado no es algo que resulte de la realidad tal como es, sino que es un intento artificial de defender una postura filosófica, la empirista, que carece realmente de base y es insostenible. De hecho, Hempel acaba su estudio advirtiendo que incluso su propuesta será probablemente superada en poco tiempo y, en una nota añadida en 1958, advierte que lo mejor sería abandonar la idea misma del criterio empirista de significación . Efectivamente. nadie admite en la actualidad que tenga sentido el problema del criterio empirista de sentido; o, mejor dicho. todo el mundo ha advertido que tenía un sentido claro: defender una filosofía insostenible de tipo empirista y anti-metafísico. Con ello cae por su base la filosofía neopositivista, basada en el criterio empirista de significado, y la pretensión absurda de aniquilar la metafísica como un sin-sentido y limitar el ámbito del conocimiento válido a las ciencias experimentales. La caracterización de la ciencia En cuanto a la caracterización neopositivista de las ciencias experimentales, puede afirmarse rotundamente que es totalmente inadecuada. Ello es patente en vistas a lo considerado anteriormente. En efecto, si no se puede sostener el criterio empirista de significado, tampoco se puede sostener la caracterización neopositivista de las ciencias. ya que dependía de ese criterio: según los neopositivistas, las ciencias experimentales son conjuntos de enunciados que se pueden verificar empíricamente, y por eso, precisamente, serían el modelo de todo conocimiento válido. Las deficiencias de la caracterización neopositivista de las ciencias ya fueron señaladas en 1915 por Karl Popper, filósofo que en aquel tiempo y posteriormente ha sido considerado (erróneamente) como positivista. y que mantuvo un estrecho contacto con miembros del Círculo de Viena. En su primer libro, editado en la serie dirigida por Schlick y Frank, Popper afirmaba que «los positivistas, en sus ansias de aniquilar la metafísica, aniquilan juntamente con ella la ciencia natural» . Lo cual es cierto. Efectivamente, el criterio empirista de significado estaba destinado principalmente a aniquilar la «metafísica», pero para ello establecía unas exigencias que no podían ser satisfechas tampoco por los enunciados de las ciencias experimentales. ¿Cómo sería posible definir los conceptos científicos a partir de puras observaciones? Basta pensar en conceptos básicos de la ciencia, tales como los de masa, energía, temperatura, afinidad química, etc., para comprender que es imposible comprenderlos y utilizarlos si se pretende atenerse exclusivamente a los «datos» de la observación. ya que lo que se llama «datos» de observación no puede comprenderse siquiera si no es a la luz de los propios conceptos científicos. Como ya hemos advertido, los neopositivistas fueron conscientes de las dificultades que estamos señalando, o al menos de parte de ellas. De hecho, fueron introduciendo sucesivas modificaciones en su criterio de significado. pero esos intentos llevaron siempre a callejones sin salida. No podía ser de otro modo, puesto que en la perspectiva positivista es imposible formular adecuadamente los problemas reales del conocimiento. Este punto. por su importancia, requiere un comentario más detenido. Ciencia y cientificismo Que la ciencia nos proporciona un amplio conocimiento de la realidad, es un hecho. Pero este hecho implica necesariamente unos supuestos básicos sin los cuales no podría darse. Entre ellos figuran dos supuestos especialmente importantes: que el hombre tiene una capacidad de conocer la realidad, y que en la realidad se da un orden y unas estructuras que pueden ser captadas -al menos parcialmente- por el conocimiento humano. Estos dos supuestos son afirmaciones filosóficas, no científicas; ya que no pueden captarse ni estudiarse a partir de los métodos de la ciencia experimental. y su estudio sistemático conduce a una filosofía de la naturaleza y del conocimiento que resultan imprescindibles sí se quiere profundizar en los problemas que plantea la ciencia. Pues bien, el planteamiento positivista pretende estudiar el conocimiento científico prescindiendo de este tipo de supuestos filosóficos, como si la ciencia experimental pudiera explicarse por sí misma: las ciencias «positivas» serían precisamente unas ciencias completamente autónomas, sin presupuestos filosóficos, perfectamente diferenciadas de una filosofía cuyo valor se niega porque carecería del rigor, del progreso, de la posibilidad de comprobar experimentalmente sus afirmaciones, y del asentimiento general que se da en las ciencias experimentales. El positivismo es un tipo de cientificismo en cuanto que concibe a las ciencias experimentales como autosuficientes e «incontaminadas», de vestigios filosóficos, y las considera como modelo de todo conocimiento válido. Pero la pretensión positivista es imposible: no existe esa ciencia «positiva» absolutamente independiente, incluso en sus supuestos, de todo concepto filosófico. De hecho, esa ciencia «positiva» habría de limitarse al estudio de los fenómenos, de las apariencias tal como se presentan en la experimentación, sin emitir ningún juicio acerca de la realidad que sobrepase esos datos experimentales: pero este tipo de ciencia no corresponde, por una parte, a la ciencia tal como existe y progresa en la realidad, y, por otra parte, es imposible de realizar, ya que los datos experimentales no tienen ningún significado si no se los interpreta a partir de conceptos mediante los cuales nos referimos a la realidad. Evidentemente, la ciencia experimental busca y alcanza una comprensión de la realidad, como también lo hace la filosofía. Las ciencias experimentales utilizan procedimientos peculiares, construyendo conceptos teóricos y recurriendo a la experimentación sistemática, y sin duda gozan en su propio ámbito de una autonomía en cuanto que poseen sus propios cánones de validez. Pero sería erróneo interpretar las peculiaridades y la autonomía de las ciencias experimentales como lo hace el positivismo, o sea, pretendiendo que esas ciencias se fundamenten únicamente en lo dado en la experiencia. La ciencia no es filosofía, pero va necesariamente más allá de unos «datos puros» de experiencia que ni siquiera existen: utiliza conceptos mediante los cuales se pretende (y se consigue en mayor o menor grado) alcanzar aspectos de la realidad, y que no se pueden reducir a una suma de resultados de la observación o la experimentación. El ataque positivista a la «metafísica», junto con la pretensión positivista de eliminar en la ciencia todo lo que pudiera ser «metafísico», no sólo es erróneo filosóficamente, sino que destruiría la propia ciencia experimental: de hecho. no hay ninguna parcela de la ciencia que se ajuste a los cánones positivistas. En la perspectiva positivista, la ciencia quedaría reducida a un simple preámbulo para la técnica, o sea, consistiría en un conjunto de afirmaciones de las que no podría decirse que fueran verdaderas o falsas, sino que simplemente serían útiles para las aplicaciones técnicas. No es de extrañar, por tanto. que los filósofos de tendencia positivista se vean en dificultades cuando pretenden armonizar su filosofía con la afirmación de que la ciencia proporciona un conocimiento verdadero de la realidad. La herencia del Círculo de Viena El Círculo de Viena como tal se disolvió en 1938, pero una parte importante de su perspectiva filosófica ha ejercitado un influjo notable en la filosofía de la ciencia posterior. Entre los miembros del Círculo destacan, junto a Schlick que fue su inspirador principal, Rudolf Carnap, Herbert Feigl, Philipp Frank, Hans Hahn, Victor Kraft, Otto Neurath, Friedrich Waismann y Edgar Zilsel. En 1931, Carnap marchó a Praga, donde se encontraba Frank, y Feigl marchó a Estados Unidos; en 1934 murió Hahn. y en 1936 Schlick fue asesinado por un psicópata. En 1938, después de la anexión de Austria a Alemania, y debido en buena parte a las circunstancias políticas del momento, cesaron las actividades del Círculo, y sus miembros marcharon a diversos países: Carnap ya estaba en Estados Unidos desde 1936 y allí siguió trabajando y publicando; Feigl también marchó a Estados Unidos y ejerció notable influencia. La influencia de las ideas del Círculo fue especialmente intensa en Inglaterra y Estados Unidos, donde existían movimientos filosóficos que entroncaron fácilmente con la filosofía del Círculo. Otto Neurath impulsó la Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada, que pretendía ser una exposición enciclopédica de la visión científico-filosófica del Círculo, pero su temprana muerte hizo que ese gran proyecto quedara truncado (de hecho, se han publicado desde 1938 los dos volúmenes introductorios, con estudios de Carnap, Nagel. Frank, Hempel y otros). Las ideas del Círculo de Viena han ejercido un influjo notable también después de su disolución. Para valorar este punto, hay que distinguir por una parte la visión filosófica básica del Círculo, y por otra, las tesis filosóficas concretas tal como fueron formuladas por los miembros del Círculo en los años en que funcionó. Desde luego, algunas de esas tesis filosóficas concretas han sido abandonadas en la filosofía contemporánea de la ciencia: éste es el caso del criterio empirista de significado, que hemos considerado anteriormente, y de otras tesis que no hemos examinado, como el fisicalismo que pretendía reducir todas las ciencias a la física. Pero no ha sucedido lo mismo con la perspectiva filosófica subyacente a esas tesis, perspectiva que puede recibir los calificativos de cientificismo y empirismo. estrechamente unida al naturalismo. Esta perspectiva coincidía con la de otros movimientos y corrientes filosóficas independientes del Círculo de Viena, y fue ampliamente desarrollada y potenciada por la actividad de los neopositivistas. Así, Herbert Feigl, que fue miembro del Círculo, afirmó años más tarde que el espíritu del empirismo lógico era flexible y evolutivo, y que consistía básicamente en la visión científica del mundo o perspectiva científica (scientific outlook) que ha continuado en el siglo XX el espíritu de la Ilustración del siglo XVIII y de los enciclopedistas . Según Feigl –y en esto tiene sin duda razón- esa «perspectiva científica» constituye un amplio movimiento en el que convergen diversas corrientes de pensamiento, y en el que se encuentran unidos nombres como -entre otros- los de Peirce, James, Dewey, Bridgman. Morris y Nagel, junto con los neopositivistas, de tal modo que esa postura es incompatible con las perspectivas propiamente metafísicas y teológicas: en la perspectiva naturalista, lo metafísico y lo teológico vienen calificados, junto con la magia y la mitología, como algo «precientífico» . El cientificismo consiste en afirmar que los procedimientos de las ciencias experimentales son los únicos válidos para obtener un conocimiento de los hechos. El empirismo lleva a apoyar la postura cientificista en la exigencia de basar todo conocimiento válido en la experiencia. El naturalismo niega la realidad de cualquier entidad no experimentable empíricamente; concretamente niega la existencia de Dios, del alma humana espiritual, y en general de toda realidad «sobrenatural». Estas tres tesis se encontraban estrechamente unidas en la postura del Círculo de Viena, y en otras posturas filosóficas, desde el enciclopedismo hasta el pragmatismo y el naturalismo contemporáneos. Sustancialmente, siguen manteniéndose en una buena parte de la filosofía de la ciencia moderna, que recibió un gran impulso gracias a la obra del Círculo de Viena. Esas tres tesis. tal como eran mantenidas por los neopositivistas, tenían un pretendido fundamento lógico y científico que era claramente frágil y erróneo, como hemos visto. Buena parte de la filosofía de la ciencia desarrollada posteriormente. en lugar de someter radicalmente a discusión esas tesis erróneas, ha seguido manteniéndolas, limitándose a efectuar en ellas correcciones parciales más o menos superficiales, de tal modo que frecuentemente se da por supuesto sin más el valor de esas tesis (con los oportunos retoques). Así, se critica la aversión anti-metafísica del neopositivismo, e incluso se llega a afirmar la importancia de la metafísica. Pero la «metafísica» que se defiende consiste, con demasiada frecuencia. en elucubraciones pre-científicas, o sea, en teorías que todavía no pueden considerarse científicas por no poderse comprobar según los métodos de la ciencia (aunque se afirma que podrían ser útiles para el progreso científico). En otras ocasiones. se admite la importancia de la metafísica en sí misma, pero no se llega a reconocer que el razonamiento metafísico permita adquirir conocimientos ciertos acerca de dimensiones que sobrepasan las posibilidades de las ciencias. Las posiciones del tipo recién mencionado sólo admiten una concepción demasiado pobre de la metafísica, que no permite ir mucho más allá de los estrechos límites señalados por los cánones positivistas. Por ejemplo, se admite que la tarea de la filosofía no consiste solamente en el análisis lógico de la ciencia, pero de hecho se exige que toda filosofía válida corra paralela a unos cánones científicos concebidos de un modo más o menos positivista; se renuncia al cientificismo como tesis filosófica, pero se desarrolla una filosofía que, de hecho, tiene demasiadas huellas del cientificismo; se señalan diversos errores de empirismo estricto, pero se sigue manteniendo una postura empirista levemente matizada; y en cuanto al naturalismo, a veces se afirma expresamente, y en otras ocasiones en que no se hace así, de hecho la filosofía que se defiende es totalmente incompatible con una postura que no sea naturalista. En los apartados que siguen encontraremos ilustraciones concretas de lo que acabamos de afirmar. Las posturas que consideraremos no son neopositivistas. y sus sostenedores consideran generalmente al neopositivismo como un fenómeno filosófico muerto perteneciente al pasado. Sin embargo, la coincidencia en las tesis básicas que acabamos de señalar son notables. Esa coincidencia no es accidental. La perspectiva científica del neopositivismo, de carácter cientificista, empirista y naturalista sigue siendo el marco conceptual de esas posturas, y esa concepción se presenta ya explícitamente como la actitud científica o actitud racional. El problema de la racionalidad es uno de los temas dominantes en la filosofía de la ciencia contemporánea, y su planteamiento y las diversas soluciones que se han propuesto están fuertemente condicionados por la perspectiva científica heredada del neopositivismo (más exacto sería calificarla como pseudo-científica, ya que en realidad no es un resultado del análisis riguroso de la ciencia). El desafío de la racionalidad planteado por el Círculo de Viena se hace más y más sutil, las tesis filosóficas reciben sucesivas matizaciones, las posturas se hacen más amplias y flexibles, se consideran cada vez más factores que estaban ausentes en la super-simplificada filosofía neopositivista, pero la actitud filosófica básica de las posturas posteriores ha estado demasiado influida por el espíritu que condicionó el fracaso del Círculo de Viena. Y, al no conseguir superar los errores básicos del neopositivismo, el desarrollo de la filosofía de la ciencia en la línea cientificista no ha hecho sino descubrir nuevos callejones sin salida, ciertamente cada vez más sofisticados, pero que siguen siendo incapaces de dar razón de la ciencia porque parten de una deficiente concepción filosófica del conocimiento y de la racionalidad.

 

 

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